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P. Gerardo Custodio

Por aquella incorruptible

Corría el año de 1965 cuando se estaba terminando la última parte de la construcción del seminario de San Juan del Río, en su primera etapa (tres de las cinco alas). El padre José Scremin había decidido colocar en parte alta de la fachada del seminario, un mosaico que contenía una frase bíblica que sería como la bandera que él iba a ondear y promover en los primeros años del seminario: “Por Aquella incorruptible”.

La frase es parte de una cita de San Pablo que dice: ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo recibe el premio? Corran entonces para conseguirlo. Los que compiten se controlan en todo; y ellos lo hacen para ganar una corona corruptible, nosotros, en cambio, por una incorruptible. Por mi parte, yo corro, pero no sin conocer el rumbo; lucho, pero no dando golpes al aire. Sino que entreno mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de predicar a los otros, quede yo descalificado (1Cor 9,24-27).

Éramos niños de 12 años, nuestra alegría era jugar y correr. Había espacio suficiente para el deporte, aunque todavía no había canchas porque el patio principal aún no estaba hecho. Y así como corríamos por ganar en el juego, el padre José nos hablaba de otra carrera, de aquella que era para otra clase de atletas, pero que se forjaba desde los primeros años de la vida. Era por la corona incorruptible que debíamos competir. Y mientras nuestra vida avanzaba, veíamos aquella corona dorada en lo alto de la casa, recordándonos el objetivo de nuestra vida allí en el seminario: alcanzar la corona por el Reino de Jesús.

Somos muchos los que hemos pasado por el seminario de San Juan. Tal vez se nos ha olvidado gran parte de lo que oímos y vivimos ahí, pero seguramente en la mayoría de nosotros ha quedado la imagen de aquella corona a la entrada, que es la Corona que debemos alcanzar en la vida, cualquiera que sea nuestra profesión.