Autor: P. Tiberio Munari
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Muchos jóvenes, ahora profesionistas, políticos, empresarios… lo conocieron en los años 50 en Mazatlán, porque fueron sus alumnos y ahora son dignos padres o abuelos de familia. Misionero con dos licenciaturas en el bolsillo, hijo espiritual de San Guido, nuestro Fundador; ya estaba listo para tomar el vuelo hacia China, donde los xaverianos tenían un campo próspero de apostolado, fue desviado de ruta hacia occidente, y precisamente a México.
México no era precisamente campo de misión para los xaverianos, sino que el mismo Papa Pío XII invitaba, en aquel tiempo, a trabajar en América Latina. La antigua fe católica era amenazada por las sectas y los sacerdotes locales eran escasos. “En particular, decía Roma, tenemos que recordar lo que la persecución ha hecho en México, y tenemos que ayudar para que todo se encauce bien. Vayan, y además México les dará buenas vocaciones”.
En Mazatlán existían solamente “la Preparatoria Mazatlán”, “El Colegio del Pacífico” a cargo de los protestantes, y una escuela para señoritas. Para varones, nada. La noticia, pues, de la llegada del doctor P. Hugo Cattenati para la fundación de un colegio católico se propagó rápidamente como una buena noticia, y muchos se ofrecieron a brindarle ayuda económica al recién llegado. Pero, sobre todo, amistad.
Llegado el 20 de junio de 1951, dos meses después, el 20 de agosto, empezaron las inscripciones al Instituto Cultural de Occidente, en las oficinas del inolvidable don Víctor Patrón Rivas. Entusiasta de la idea, Margarita Becerra Gómez, fundadora y directora del Colegio “Liceo de los niños”, pasó con plantel, maestros y alumnos, al ICO, que iniciaba así con 218 alumnos, desde el kínder, primaria y secundaria. El P. Hugo estaba solo con su alma. Afortunadamente, el año siguiente llegaron refuerzos de Italia: los PP. Victorino Vanzín e Innocencio Ambrico, y dos seglares, el doctor Farina y la señorita Avanzini, para cubrir en parte la administración y las varias materias escolares.
El tercer año escolar se abría con 600 alumnos y 50 internos, porque venían de lejos, con 55, entre profesores y administrativos. El 2 de junio de 1955 se verificó la graduación de los primeros 14 bachilleres, quieres recibieron sus diplomas y anillos de manos del gobernador del Estado, el Dr. Aguilar Pico, quien aconsejó a los xaverianos, a salir fuera del centro urbano. “No pasarán 20 años –vaticinó- y el colegio estará rodeado por los edificios del nuevo Mazatlán”. Hoy día es una enorme institución.
Años después, llegó el Superior General de los xaverianos y quedó maravillado del gran desarrollo del ICO, asegurándole el apoyo incondicional de la Dirección General de la Congregación. “El ICO, concluyó diciendo, ya tiene su historia; la juventud mazatleca una escuela que los prepara para la vida social y política del país con dignidad y responsabilidad”.
El P. Hugo no fue misionero en el sentido tradicional antiguo de la palabra, pero llenó el contenido y la sustancia de la misión que Cristo encomendó a los apóstoles: “vayan y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Raúl Rico Mendiola lo definió como “el misionero de la cultura y de la fe”. El P. Hugo evangelizó con su palabra ardiente y convencida, fruto del contacto constante y personal con Cristo, que es motivación y vida de todo misionero.

