Skip to main content
Cristina Fontenele/Adital

La reforma política

En entrevista con el diácono Francisco Adilson da Silva, asesor del Sector Social de la Arquidiócesis de Natal, en Brasil, comenta que los volantes distribuidos donde se acusa a los Obispos de no querer reformas, son algo "normal” y son parte del proceso democrático. Aunque no lleven la firma del autor.

Da Silva informa que el proceso de cuestionar la política ya viene desde 2011, con las Semanas Sociales Brasileñas (SB), eventos que apuntan a democratizar y promover la participación de los pobres y excluidos. Es cuando las comunidades eclesiales, los movimientos sociales, pastorales, organismos y la sociedad civil se reúnen para reflexionar sobre los acontecimientos sociales, políticos y económicos del país. El tema de la SB de 2011-2013 fue: "La participación de la sociedad en el proceso de democratización del Estado, ¿Estado para qué y para quién?”

El diácono esclarece que la reforma política va mucho más allá de la reforma electoral. "Hoy, quien manda en el Congreso es el poder económico.”  Es preciso, sin embargo, hacer cambios en los tres Poderes. Particularmente el Judicial como el más podrido, pues es el más ciego para reconocer el derecho de los pobres, ya que está comprometido con los grandes”, declara.

Para él, no todas las personas entienden la cuestión de la reforma política y muchas de ellas no tienen acceso a las discusiones. Los medios de comunicación tendrían un papel importante en este debate, sin embargo, los medios han difundido discursos orientados hacia determinados intereses. Él comenta que la Red Globo [de Televisión] y otras grandes emisoras están actuando sin imparcialidad, "empujando al pueblo en contra de sí mismo, gente trabajadora, asalariada que sigue la ola.”

Un ejemplo de manipulación sería la cuestión de la reducción de la edad de imputabilidad. El diácono cita el hecho de que personas que tienen hijos jóvenes, saben la dificultad de educar, pero aun así han apoyado el proyecto, sin entender la cuestión. Para él, la violencia es una cuestión estructural, que no se resuelve disminuyendo la edad de imputabilidad. "Después, tendremos que reducir a 14 años, en seguida, a 12 años”, explica.

Silva revela que muchas personas han buscado la fe para satisfacer sus necesidades materiales. "Hoy, se estimula mucho el consumo”, dice. Es la llamada "Teología de la Prosperidad”. Una fe de manera individualista, lo que dificulta trabajar las cuestiones sociales dentro de la Iglesia.

Para el diácono, el gobierno actual hizo la inclusión por el consumo, incluyó una franja de la población que estaba en la pobreza. "Veo la diferencia de la miseria de la década de 1980 con la de hoy”, destaca. Pero a pesar de los avances, señala que el gobierno debe ir más allá y promover también cambios en educación, salud y seguridad. Resalta que el cambio incomodó a otra franja de la población, una elite que es más "conservadora” y que no acepta, por ejemplo, la reforma agraria. "Sin embargo, países que se desarrollaron tuvieron que pasar por esa reforma agraria.”

"Ya mejoramos bastante si comparamos con el pasado. Hemos cambiado para mejor”, dice Da Silva. Según él, actualmente, hay una consciencia más aguzada en relación con los derechos de las personas. Pero todavía hay un largo proceso y la fe es parte de ese camino. "La fe no puede estar desvinculada de la realidad. La fe concreta ayuda en la construcción de la vida, si no contribuye hacia la realidad, entonces es una fe en vano”, concluye.