1.- ¿Te podrías presentar brevemente?
Soy Rolando Ruiz Durán de Guadalajara y feliz de ser misionero xaveriano, muy agradecido a Dios por haberme llamado a consagrarle mi vida para la misión.
2.- ¿Podrías contarnos como nació tu vocación?
Cuando era adolescente, jamás pensé en ser sacerdote, pero sentía gran admiración por las personas que hablaban de Dios. Yo deseaba casarme, era mi sueño. Admiraba mucho a San Francisco de Asís, pero de ahí a hacer lo que él hizo no era fácil. El detonante que me hizo cambiar, fue leer la pregunta ¿Señor qué quieres que haga?, en un poster que tenía la imagen de Jesús. Yo me resistía, pues no era fácil dejar a mi novia que tanto quería, aunque sabía que fuera de Él, no sería feliz nunca. Pero Él fue más fuerte y llorando, le dije: “Tú sabes lo que quiero (casarme) pero dime ¿qué quieres que haga?” Y le pedía una señal.
Un día soñé que mientras iba por un camino, de repente entré en una especie de aldea africana, donde había un obispo. Al despertar me dije, sí, esto es de Dios, y desde entonces mi corazón con diferentes acentos no ha dejado de vibrar por la misión. Después, Dios ha ido haciendo todo, pedí entrar al noviciado xaveriano, esperaba que me dijeran que no era mi vocación, así la culpa no sería mía, pero nunca me lo dijeron, y el Señor me fue modelando. He tenido pequeños momentos de duda, pero incomparables con los momentos de lucidez en donde a pesar de las dificultades normales, me he dicho: “Que aventura tan bonita la del misionero, que me permite encontrarme con hermanos lejanos que hablan otras lenguas y forman parte de mi vida, pero lo más bonito, que en medio de todo ahí está Dios”. No me arrepiento, y si tuviera que volver a decidir, no tendría temor de optar por la vida misionera.
3.- ¿En qué lugar trabajas y por qué elegiste ese lugar?
Nunca he decidido por mí mismo ir a ningún lugar. Mi sueño siempre fue ir a Asia, pero nunca he estado ahí. Y cuando menos lo esperaba me enviaron a Camerún, en donde me ordené diácono. Después pedí quedarme en África, pues quería vivir en un país donde la mayoría de sus habitantes fueran musulmanes. Sentía que ahí Dios me quería, y me enviaron a Chad. Ahora, desde hace seis años vivo en España. Tampoco pedí ir ahí.
4.- ¿A qué te dedicas en tu misión?
Como acabo de decir, actualmente vivo en España, pensaba que eso no era parte de mi vocación. Pero he ido comprendiendo que la misión no es una manera egoísta de ser feliz solamente yo, sino dejarse guiar por Él. Ahora sé que es tan importante compartir la vida con los que tienen otra religión y forma de ver a Dios, anunciándoles la cercanía de Jesucristo, compartiendo la fe, las dificultades, etc., como contagiar la misión a la iglesia española que en el pasado ha sido muy generosa, pero que ahora necesita de testimonios y reflexiones para mantener el ardor misionero. Voy a muchas diócesis españolas, y con los delegados de misiones visitamos colegios, escuelas y acompañamos a jóvenes universitarios para que conozcan más de cerca la misión y opten por la vida misionera.
5.- ¿Cuáles son las principales dificultades que encuentras?
La más importante es que hoy en Europa se cree que la misión es solamente ayudar a los pobres. Yo creo que eso forma parte de la misión, pero para mí, misión es compartir la vida, la fe, la esperanza de una vida mejor y más digna según el plan de Dios.
6.- ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de las personas con las que convives?
Que todos somos capaces de ver que cuando nos encontramos con el otro, nos encontramos con Dios. En la misión esto se percibe mucho más.
7.- ¿Alguna experiencia significativa que te haya marcado?
Recuerdo a un joven español a quien acompañé a Chad durante un verano, él tenía la idea como muchos otros, que en la misión, uno va a dar y no recibe nada. Pero después de vivir la experiencia de servicio en uno de los campos de trabajo que los Xaverianos organizamos en España, él experimentó la humanidad y cercanía de los otros, los hizo sus amigos y se dejó querer, descubrió que Dios está donde menos nos lo imaginamos. Ahora este joven cada verano lo dedica a la misión.
8.- ¿Piensas que tener los votos religiosos te haya ayudado a tu misión?
Claro que sí, yo ya le di mi vida a Dios para la misión, que Él haga de ella lo que quiera, como trabajar en España. Consagrar la vida a Dios para la misión es abandonarse en sus manos entregándole la vida. Hacer de su voluntad mi voluntad, me da plenitud de vida.
9.- ¿Qué mensaje darías a los jóvenes?
Solo somos felices cuando hacemos lo que Dios quiere de nosotros. Más nos alejamos de Él, menos somos felices, más hacemos lo que Él quiere, más felices somos y hacemos felices a los que nos rodean.
10.- ¿Alguna frase memorable?
“Nadie tiene derecho a vivir feliz solo”



