
Autor: P. Gerardo Custodio López
/ Durante el tiempo de cuaresma, la Palabra de Dios, casi con una insistencia suplicante, nos presentaba día a día textos selectos del Dios que no encuentra la manera de que hagamos caso de su propuesta. Por un lado, es el pueblo de Israel que no logra entender que lo que Dios más desea para ellos es el respeto por la vida y la buena convivencia. Que todo el culto queda hueco y vacío si no está impregnado de una práctica de solidaridad y amor. Al mismo tiempo, los evangelios nos iluminan de cómo Dios quiso reforzar ese camino por medio del testimonio vivo de Jesús, que venía a proponer la fraternidad como forma de vida en la sociedad, pero sin embargo, fue tomado y llevado a la muerte por ser visto como peligroso para los intereses de algunos.
Este escenario parece repetirse hoy. Parece difícil la salida delante de los mismos problemas sociales de la historia humana. Pero, ¿qué será lo que está mal? ¿Qué es lo que no funciona? ¿Algún día se podrá ver un panorama de mayor esperanza? Parecidas preguntas se hicieron los discípulos de Jesús después de que lo vieron morir en la cruz.
No debemos olvidar que Dios, después del diluvio, se comprometió a defender la vida. De ahí en adelante, se han abierto con mayor claridad los dos caminos ante nosotros: la vida o la muerte. El camino mostrado por Jesús fue promover la vida, y vida abundante. Aunque aparentemente la muerte acabó con él, la justicia de Dios, su Padre, lo rescata para la vida. El amor misericordioso de Dios no abandona a los que caen en el camino, a los que creyeron y lucharon por la vida. Y mientras que otros, que siguen tomando la bandera de la muerte, sembrando violencia y destrucción, ciertamente no cantarán victoria. Dios se levanta en su contra, porque Él mismo es la vida. Esta vida es proclamada con la resurrección de su Hijo, que vive para seguir construyendo una historia al lado de la persona comprometida por el bien.
Que esta fiesta de la Pascua nos llene de confianza por el apoyo incondicional de Jesús, en seguir llevando su proyecto de paz y amor entre todos y para con todos. Como dice Pablo: “la muerte no tiene ya dominio sobre él”. ¡Él ha vencido, él está vivo, aleluya!
P. Gerardo Custodio López