Estimado lector, este año dedicado a la Vida Consagrada es una gran oportunidad para conozcas más de cerca quienes somos los consagrados; aprovecha la posibilidad de encontrarte con algunos de ellos y hablar de la vida consagrada. Compartir lo que somos nos ayuda a profundizar nuestra propia vocación y nos ayudamos a crecer en la fidelidad renovada. En este número continuamos con la presentación de algunos signos de esperanza que ofrece la vida consagrada en cada uno de los continentes; ahora le toca a América.
Mensajera de comunión y participación
El mosaico cultural que presenta nuestro continente es una realidad autóctona, mestiza, pluricultural por la proveniencia de grupos de migrantes, invita a la vida consagrada a proponer una comunión que incluya a todos sin ningún tipo de distinción, negativamente un no rotundo al racismo que es siempre excluyente. Invita también a un diálogo con las distintas cosmovisiones, en donde una no excluye las demás, aun cuando todas necesitan ser evangelizadas.
Todo llamado a la vida consagrada está llamado a vivir una comunión fraterna con otros llamados; esta comunión no nace de la carne y de la sangre sino que nace de Dios. Probablemente porque se vive el llamado y se expresa como comunión fraterna, los consagrados son llamados expertos de comunión (CDC 28); la configuración de múltiples comunidades religiosas, hoy es intercultural; las proveniencias se van multiplicando, las razas, los colores, las lenguas, la experiencias, las historias, las idiosincrasias… impulsa a muchos a describir las nuevas comunidades como una profecía exagerada de comunión. En este sentido encaja bien la frase de san Guido que une el ser con la misión: Hacer del mundo una sola familia que abarque toda la humanidad.
Nuevas disposiciones, nuevas actitudes
Cada día que pasa es más frecuente que los consagrados/as abrasen cordialmente su propia vulnerabilidad, renueven su opción para tender la mano a los menos favorecidos, con el anhelo esperanzado de construir juntos el cielo nuevo y la tierra nueva que es el anhelo de Dios. El camino de la encarnación es el camino elegido por el Señor Jesús, es el camino que hoy queremos recorrer, una opción que coincide con esa actitud de fondo, que es la actitud del éxodo; salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro, no solo para dar sino también para recibir lo que el Espíritu sembró en los corazones de cada uno/a.
La opción preferencial por los pobres
Los consagrados asumen como propia la opción de Jesucristo; quien opta por los pobres, marginados, excluidos, descartados, los de la periferia existencial. Tan solo como muestra, el caso de Haití, este país latino en un tiempo fue noticia; hoy ya no lo es, pero habría que verificar quienes permanecen en esta nación que sufre ¿No son los religiosos/as que continúan con la mano extendida para dar una mano? La opción por los pobres (P 733 - 35; EN 12) es una de las tendencias más notable de la vida consagrada en Latinoamérica. Considero que esta puede ser la clave que de sentido a las demás: la necesidad de una profunda experiencia de Dios; la autenticidad de una vida fraterna en comunidad y una comunión eclesial a toda prueba.


