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San Guido durante su vida fue elegido para ser primero Arzobispo de Ravena, y después Obispo de Parma, un cargo que no busco, sino incluso suplicó que se le ahorrara llevar “esta carga tan pesada”. Pero sintiendo que era la voluntad de Dios que él apacentará una porción de su rebaño, la acepta, y a ejemplo del buen pastor, buscará estar cerca de las personas que le han sido confiadas, participando tanto de sus alegrías como de sus problemas.

"Por tanto, no estaré en medio de ustedes para mandar, sino para servir, según el precepto evangélico dado a aquellos que son destinados a la prelatura en la Iglesia de Dios, para orar, para implorar, amonestar cada vez que lo pida su bien, debiendo el gobierno episcopal modelarse según el gobierno divino.

Por otra parte, si deberé combatir el error y el vicio, no será jamás para alimentar la aversión hacia los extraviados; podré ser adversario, pero no enemigo, porque en el corazón de un Obispo debe siempre reinar soberana la caridad de Cristo.

Por eso mi política será siempre el Evangelio, mi partido aquel que pone en primer lugar a Cristo, mi programa de gobierno, será aquel que ha sido trazado por los Apóstoles y que debe ser el programa de todos los Obispos católicos, legitimos sucesores de los Apóstoles; mi palabra de orden aquella que he querido grabar sobre mi escudo episcopal: “In ommnibus Christus”, en todas las cosas Cristo, porque esta con sublime brevedad, resume la misión del Obispo, que es aquella de hacer conocer y amar a Jesucristo y su obra. (Carta pastoral programática para el inicio de la actividad como responsable de la Diócesis de Parma, 4 de marzo de 1908).

 Y heme aquí, Parmesanos queridísimos, todo para ustedes y por toda la vida, compañero indivisible en los días de la alegría como en aquellos del dolor. Para los ricos y para los pobres, para lo justos y para los pecadores, para los que sufren y lloran, para todos los que pertenecen a esta porción especial del rebaño de Cristo yo debo sentir un afecto de Padre, es más, para usar la eficaz frase de San Pablo, entrañas de madre que abraza a su propio hijo”. (Discurso de ingreso en la Diócesis, Parma, 25 de marzo de 1908)