Para dar lo mejor de cada uno, no basta con desearlo, es necesario fijarse unas metas que le ayuden a darse cuenta si se ha avanzado o no. Si san Guido pudo dar lo mejor de sí a Dios y a los demás, fue porque desde muy joven escribió después de un retiro o unos ejercicios espirituales, una serie de propósitos que le permitieran superarse. Este es el secreto de un santo, los propósitos que hacía Mons. Conforti le ayudaron a ser constante y a perseverar hasta el final.
“Nunca dejaré la meditación diaria que haré siempre antes de celebrar la Santa Misa, y no menos de media hora.
Nunca omitiré el examen de conciencia antes de ir a la cama, poniendo atención especialmente en la pasión predominante, me confesaré al menos cada ocho días.
Seré devoto de la Santa Virgen, nunca omitiré el rezo diario del Santo Rosario, haré alguna mortificación en su honor cada sábado.
Usaré siempre la máxima solicitud y energía en desterrar cualquier tentación impura, recurriendo con prontitud a Dios y poniendo constantemente en práctica el consejo: huye rápido, lejos, siempre.
Seré siempre muy sobrio en el comer y en el beber, y cada vez que me siente a la mesa haré alguna mortificación.
Desterraré inmediatamente cualquier pensamiento triste que pueda turbar la paz de mi espíritu.
Nunca hablaré con alguno de mis penas y aflicciones, excepto con personas sensatas y pías para tener consejo.
Emplearé diligentemente el tiempo, en prácticas de piedad, o en obras del ministerio, o en el estudio, en atender los asuntos: ¡Nunca en ocio!
Seré diligente en responder las cartas y no me iré a descansar sin haber enviado las de ese día.
En el trato con las personas seré afable, bueno, sobre todo sobrio en el hablar, muy prudente al externar mi estado de ánimo, en pronunciarme sobre propuestas o preguntas y mucho más en hacer promesas, y dar esperanzas.
Al juzgar personas o cosas seré objetivo, y todo lo consideraré siempre según el dictamen de la fe y de la razón, no dejándome influenciar por simpatías o antipatías.
Previendo que tendré que hablar en público, me prepararé antes, para no repetir las mismas cosas y lograr ser más eficaz.
En conclusión, con la Divina Gracia y con la guía de la fe, aprovechare de ahora en adelante, a formarme una conciencia integra y recta, una voluntad firme y perseverante, un carácter bueno, afable y sociable, un corazón devoto y compasivo. Al cumplimiento de este programa, concentraré todas mis energías”. (Propósitos después de los ejercicios espirituales con ocasión del 25° aniversario de su ordenación sacerdotal, 22 de septiembre de 1913)



