La vida monástica benedictina es de las más conocidas debido a su originalidad que en el siglo XIX fue resumida en dos palabras: “Ora et labora”, es decir, la alabanza a Dios unida al trabajo manual diario. Este estilo de vida seguía la Regla de san Benito, la cual no mencionaba explícitamente la consagración religiosa ni la profesión de los votos religiosos, estaba sobretodo enfocada en la obediencia al Abad que representaba a Dios Padre y expresa su voluntad. La regla es una lectura práctica, es decir, muchos detalles de la Sagrada Escritura son aplicados a la conducta y espiritualidad de los monjes, como por ejemplo: “Practicar con los hechos de cada día los preceptos del Señor, amar la castidad, venerar a los ancianos, orar por los enemigos por amor de Cristo, hacer las paces antes de acabar el día y jamás desesperar de la misericordia de Dios” (cap. IV).
Por lo que atañe el trabajo manual, “ordena más de cinco horas diarias” (n. 48) y “del servicio de la cocina ningún monje queda dispensado” (n. 35). Respecto a la oración impone las horas canónicas (7 diurnas y 1 nocturna), detallando el orden y número de los salmos por recitar (n. 8-18). San Benito no da ninguna indicación acerca del método de la “lectura divina” de la Sagrada Escritura, pero dice que “han de ocuparse los hermanos unas horas en el trabajo manual y otras en la lectura divina” (n. 48), ya que “cada uno recibirá su códice de la Biblia” (cap. 48, n. 15).
La Regla de san Benito sólo habla de la “meditación y lectura” de la Escritura (cap. 48, 22), pero la tradición benedictina posterior desarrolla los cuatro pasos de la “lectio divina”:
lectio, lectura o escucha receptiva con el oído de nuestro corazón; meditatio, meditación o permitir que la palabra de Dios nos toque; oratio, oración o diálogo amoroso con Dios; contemplatio, contemplación o presencia callada ante Dios.
Es interesante hacer notar que la Orden de los benedictinos, que no es propiamente una congregación, sino una confederación de muchas congregaciones, masculinas y femeninas, unidas por la fidelidad a la misma Regla, vivida y actualizada en diferentes tiempos y culturas, con una común referencia a la oración y trabajo según la Sagrada Escritura.
Fue extraordinaria la expansión de los benedictinos por toda Europa, en todos los niveles de la sociedad, así como su enorme actividad misionera. Por ejemplo, los benedictinos enviados por el Papa Gregorio Magno para evangelizar Inglaterra y Escocia, con un gran respeto y aceptación de las fiestas, signos y tradiciones locales.



