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Xaverianos

Quien ama, no se equivoca de camino

Autor: P. Carlos Zamora

página 11La meta de toda vocación es vivir la plenitud de la vida y alcanzar la felicidad. Ser feliz no es algo que simplemente se alcanza al azar, o gracias a las personas que nos rodean o de los recursos con que se cuenta. La felicidad la alcanzan generalmente aquellos que aun sabiendo que les falta mucho por conocerse así mismos, saben lo que quieren. Son generalmente personas que descubren lo que hay en ellas, lo que las hace únicas. El corazón y la mente de una persona inquieta, buscará que es lo que más le gusta hacer, lo que hace mejor. Después simplemente pondrá todo su empeño en encontrar lo que puede realizar con sus dones para tener un mundo mejor. El punto de partida de quien busca su lugar en esta vida será responderse ¿Qué es lo que me apasiona? ¿Qué es lo que me hace verdaderamente feliz? Por ello, muchas veces encontraremos a personas que aun en la enfermedad, en su fragilidad humana, en la experiencia de límites y obstáculos, no cesan de dar lo mejor de sí mismos.

Una mañana mientras conversaban en la plaza de su pueblo, un joven preguntaba al misionero que estaba de visita en su parroquia: “¿Usted, se siente feliz? ¿Cómo está seguro que no se equivocó de camino? ¿Cómo puede estar completamente seguro de que Dios lo llamaba a esa vida? ¿Le escuchó decir que quería que hiciera, lo que usted nos dice que hace?”

El misionero, mirándole sorprendido por sus preguntas que brotaban de forma abundante y directa, le contestó: “haces muchas preguntas juntas, pero bien, son inteligentes y reales. En el fondo lo que realmente todos buscamos es ser verdaderamente felices, y curiosamente, las respuestas a la vida las encontramos viviendo, teniendo algo que hacer, algo que amar y algo que soñar. Cuando te sientes amado, te dejas envolver por ese amor. Y si en ocasiones sientes que falta amor en este mundo, ya el hecho que te des cuenta de ello, te debería llevar a amar. Al final es ese Amar y Servir, lo que te lleva a ser feliz.”

Insistió el joven, “pero, ¿cómo puede usted estar seguro de que fue Dios quien lo llamó a vivir con otras gentes, y le dijo que fuera a vivir su vida con extraños, dejando amigos y sus propios gustos?”

“Es sencillo, -respondió sonriendo pacientemente el misionero-,  encontré en su Palabra la llamada a amar sin límites y descubrí que si intentaba vivirlo, sería feliz”. Vi también que gente como Xavier y Teresita habían amado intrépidamente, surcando mares y viajando intensamente uno y desde la sencillez de sus trabajos la otra…. Quien ama no se equivoca de camino.”