Autor: Sira
La familia es sujeto misionero en la comunicación de la fe. El Evangelio de Lucas nos recuerda como Jesús vive en Nazaret y lo que sucede en su visita al Templo. Estos hechos dan claras orientaciones acerca del papel de la familia en la trasmisión de la fe. (Lc 2, 41-53)
Ciertamente es toda la Iglesia que recibe de su Señor Jesús, la gracia y la responsabilidad de anunciar el Evangelio, de comunicar y testimoniar la fe en Él, muerto y resucitado: “Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 19-20)
La Misión no tiene confines. La Iglesia está llamada a vivir en “estado permanente de Misión”. El Evangelio debe ser anunciado a todos, empezando por aquellos que viven en nuestras casas y en nuestra parroquia, para llegar a todos aquellos que todavía no conocen a Jesús o lo han negado. Solo así la Iglesia será realmente Madre de todos, porque está atendiendo a todos, anunciándoles la abundante misericordia de Dios, Padre de todos.
En la familia, todos estamos llamados a vivir nuestra vocación con humildad, mansedumbre y paciencia, soportándonos mutuamente con amor, y buscando conservar siempre la unidad del Espíritu por medio del vínculo de la paz. (Ef 4, 1-3) Por tanto, “los seglares, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las variadas tareas temporales, deben ejercer una forma particular de Evangelización en familia que, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio sea trasmitido y desde donde éste se irradia. Dentro de una familia, consciente de esta misión, todos los miembros evangelizan y son evangelizados.” (Pablo VI, EN 71) Una familia así, se hace evangelizadora del mundo: Es familia misionera.
Todos los bautizados, porque creemos en Jesús, crucificado y resucitado, debemos mantener siempre viva nuestra conciencia misionera y especialmente en este mes de Octubre:
- Renovando el compromiso misionero personal y como familia.
- Pidiendo que la Iglesia se dirija con preferencia a los que no conocen a Jesús.
- Participando en la obra de Dios, haciendo el bien al prójimo.
- Construyendo una familia y una sociedad que dignifiquen la vida humana y cuidando nuestro medio ambiente.

