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Xaverianos

Las familias de los primeros seguidores de Jesús (II)

Como familia debemos seguir al SeñorAutor: P. Carlos Mongardi

En tercer lugar, en su visita a Nazaret, Jesús presenta una doctrina no académica, sino de experiencia de vida y de lucha. Esta forma de hablar asombra a sus oyentes, “porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas” (Mc 1, 22). Su autoridad no nace de una preparación profesional, sino de los efectos de vida y liberación, que su nueva doctrina produce (Mc 1, 27).

 También causa asombro, porque su enseñanza no se funda en tradiciones humanas, sino en el mandamiento de Dios (Mt 15, 1ss) y en lo principal de la Ley (Mc 12, 28.31). Y esto lo que había aprendido precisamente de sus padres, de sus “hermanos y hermanas”, durante el tiempo que había vivido con ellos.

 De aquí viene una primera conclusión: ¿Qué pudo enseñar Jesús más allá de los valores de fe, esperanza y amor, aprendidos en la vida cotidiana de trabajo, respeto y afecto?  ¿Y de las fiestas llenas de colores, comidas, música y danza? (Lc 15, 23.25). ¿Qué podía saber y enseñar Jesús más que la propia experiencia de su vida familiar?

Por eso aquí la hipótesis que podrá sonar nueva como la doctrina de Jesús: Lo Jesús trató de formar, fue un grupo de familias, con una cierta flexibilidad en su seguimiento. Estamos tan acostumbrados a imaginar a los discípulos del Señor como individuos sueltos, o reunidos en grupos artificiales de poder o de servicio, que nos cuesta imaginar grupos de familias a alrededor. Probablemente esta forma individualista de ver el seguimiento de Jesús, ha sido influenciada por San Pablo que recomienda permanecer soltero, pero que él mismo reconoce como opcional (1 Co 7, 6.10). Ciertamente tampoco se puede presentar como exhortación al celibato, el dicho, atribuido a Jesús, de “hacerse eunucos, por del reino de los cielos” (Mt 19, 2).

El evangelio de Marcos nos cuenta que un día su madre y sus hermanos fueron a ver a Jesús, pero como no pudieron entrar a la casa lo mandaron llamar, es entonces cuando mirando a sus discípulos sentados en círculo en torno a él, dice: “estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3, 34-35). Me parecería admirable si se estuviera refiriendo a hermanos, hermanas y madres de familia, los cuales se reconocían pertenecientes a una nueva familia ampliada y dispuesta a seguirlo en una misma comunidad.

Esto aparece también en la primera comunidad de Jerusalén, compuesta por las familias de los seguidores y seguidoras de Jesús (Hech 1, 14-15), sin duda como la familia de Pedro (Mc 1, 29-31), y otras familias que tenían que entregar todo a la comunidad, como se ve en el castigo de Ananías y Safira (Hech 5, 1ss). También eran personas casadas los primeros diáconos (1 Tim 3, 2), así como los presbíteros (Tit 1, 6) y obispos (1 Tim 3, 2.4-5).

Por último, es importante recordar que para Pablo el término “Iglesia” significa una comunidad local concreta (Rom 16, 1.16), a veces identificada con una familia (Col 4, 15) o a imitación de ella. Al contrario, en la carta a los Efesios, se presenta una figura ideal de Iglesia, como una comunidad universal y con la metáfora de “cabeza-cuerpo”  (Ef 1, 22) y “esposo-esposa”, viene propuesta como modelo de toda relación de las parejas en la familia (Ef 5, 21-24). En la historia de la Iglesia se llamó familia a toda comunidad, en la que no había una familia real.