“El individualismo post moderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares” (EG, 67) Jesús nos invita a ir contra todo individualismo y egoísmo que surge de nuestra débil naturaleza. Leamos a Mateo 14, 13, 21 y reflexionemos.
El relato de Mateo nos presenta el clásico icono conocido como la multiplicación de los panes. Los estudios bíblicos actuales, nos ayudan a ver que el pasaje de hoy no habrá que entenderlo en sentido literal. El acento se pone en las palabras de Jesús: “Denles ustedes de comer”. Jesús sabía que eso literalmente sería imposible, ni tenían tanto dinero ni había lugar para comprar. Lo que sorprende es ver como Jesús fue capaz de mover los corazones de las gentes para vivir la generosidad y solidaridad hasta lograr que nadie pasase necesidad.
Las comidas
En el tiempo de Jesús, todo aquel que salía de casa por un tiempo, iba provisto de alimento para todo ese tiempo. El relato nos narra que algunos llevaban unos panes y pescados. El hecho de que la multitud congregada para escuchar a Jesús, tuviera el deseo de compartir lo que cada uno llevaba, significa que habían entendido el mensaje de la compasión y la generosidad que el mismo Nazareno predicaba. Este es el verdadero milagro.
Las comidas en los relatos bíblicos han tenido una gran importancia. Con frecuencia se hace referencia a los tiempos mesiánicos, a la presencia actuante de Dios con su pueblo, con la imagen de banquete, de fiesta. El mismo Jesús se dejaba invitar por las personas importantes, y algunas veces organizaba banquetes con los marginados, así manifestaba su aprecio y su cercanía. Nada extraño que después de haber seguido a Jesús todo un día, todo terminara con una comida donde la gente se sintieran bien fraternalmente.
Más allá del milagro
La reacción que tuvieron los discípulos fue quizá la misma que hubiera pasado por nuestra mente: “ese no es mi problema, que cada uno de las arregle”; pero Jesús no acepta esa postura, por el contrario, invita al compromiso: “denles ustedes de comer”. El pasaje nos enseña cómo Jesús se preocupó no solo de alimentarlos con su Palabra, sino de proveer el alimento material haciendo posible que la gente comiera hasta saciarse.
Por otra parte, Jesús no quiso que la gente lo siguiera sólo por los milagros que hacía, por eso algunas veces los reprendió: “Me buscan no porque hayan visto signos sino porque comieron del pan hasta saciarse”. Creer en Jesús como un taumaturgo, como el que nos soluciona los problemas, es una falta de madurez religiosa. Nuestra vida cristiana se construye más allá del milagro, se trata de aceptar a Jesús que le da sentido a nuestra existencia y a nuestras cruces.
Reflexión personal
El ambiente predominante hoy nos empuja a relacionarnos con los demás y hasta la misma fe, desde lo íntimo y privado perdiendo el sentido de grupo, de familia, de comunidad, de Iglesia. ¿Cómo celebro los acontecimientos importantes de mi vida? ¿Logro compartir mis cosas, las experiencias vividas y la misma fe con los demás?
Las comidas para Jesús tuvieron mucho significado, eran el lugar y el momento para compartir con los demás la vida toda. ¿Aprovecho las ocasiones cuando me siento a la mesa con la familia, los amigos y conocidos para compartir lo que soy? ¿Sé vivir las comidas y banquetes como momentos de fiesta, fraternidad y comunión con los demás?
La multiplicación de los panes, debe hacerme pensar en aquellas miles de hermanos nuestros que a diario mueren de hambre; los cristianos tendríamos que estar avergonzados por tantos hermanos que sufren y pasan necesidad. Me he puesto a pensar: ¿Cómo es mi estilo de vida? ¿Cuáles son mis apegos materiales? ¿Hasta dónde es la caridad que pueda tener con los más necesitados?


