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Xaverianos

Alejandro de Rodas, S.J. (Misionero en Asia)

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Autor: P. Álvaro Aguado R. /

Es el primer escritor de una lengua enigmática. Procedía de una familia de judíos conversos aragoneses que, tras ser procesados por la Inquisición española, huyeron a Aviñón en el siglo XV. El 14 de abril de 1612 ingresó en la Compañía de Jesús en Roma, donde estudia teología y ciencias naturales con Cristóforo Clavius y otros maestros.

En 1618 emprende su primer viaje misionero al Japón, pero primeramente pasa tres años en la colonia india portuguesa de Goa. En 1623 llega a Macao; allí se entera que las condiciones para los misioneros en Japón habían empeorado notoriamente, por lo cual se dirige a Indochina en el lejano sur de Asia.

Desde el primer día se dedicó a establecer una Misión desde la cual iniciar su trabajo de evangelización. Permanece desde 1624 en Cochinchina, y en 1627 se traslada a Tonkín, donde existía una misión jesuítica en Hanói desde 1615. Allí estudió con otro jesuita, Francisco de Pina. Mantuvo una estrecha relación con la corte de Hanói bajo los reinados de Trinh Tungy Trinh Trang. Pero en 1630 cae en desgracia a los ojos del regente Nguyen Phuc Lan, quien lo condena a muerte, y debe irse 10 años a Macao, en donde se dedica a enseñar teología. En 1640 retorna a Cochinchina, donde se dedica a actividades misioneras. Entre 1645 y 1649 viaja por Java, India, Persia, Armenia y Anatolia, retornando a Roma. Allí recomienda la reforma de la administración eclesiástica en Asia oriental, en particular el establecimiento de obispados autónomos de Portugal que luego serán llamados vicariatos apostólicos. Fue apoyado por François Pallu y Pierre Lambert de la Motte, los primeros miembros de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, quienes fueron enviados a Extremo Oriente en condición de vicarios apostólicos.

Diez años después de su llegada, el P. De Rodas envió a sus superiores un informe detallado de las enormes posibilidades y el descomunal reto que ofrecían esas tierras inexploradas para Occidente. En ese informe, describe el habla cotidiana de los pobladores como "semejante al cantar de las aves". El vietnamita al igual que el cantonés, posee seis tonos diferentes, tan sutiles como las variaciones de una nota dentro de una melodía. Estos seis tonos han sido descritos como neutro, ascendente, descendente, ascendente-descendente, quebrado y corto. Aunado a esto, se encontró con que no existían signos escritos – letras equivalentes a los sonidos de la lengua. La comunicación escrita se hacía a través del chino.

En un pasaje de su diario, De Rodas escribió: "cuando escucho hablar a la gente, de manera especial a las mujeres, desespero y creo que nunca llegaré a ser capaz de aprender esta lengua". Una misma sílaba, "ma", por ejemplo, significa "madre", "caballo", "medida", "guiso de arroz" y "llevar", dependiendo de la pronunciación tonal. Esto volvía casi imposible el trasmitir las enseñanzas de la Biblia a los nuevos cristianos, por lo que desarrollo el alfabeto vietnamita en 1651. Este "vietnamita romanizado" fue llamado QuốcNgữ, basado en el alfabeto latino, apoyándose en el trabajo previo de los misioneros portugueses Gaspar de Amaral y Antonio de Barbosa y que es la base de la actual escritura utilizada en ese país. De aquí surgió el diccionario latín portugués vietnamita. De Rodas utilizó una gran variedad de signos diacríticos que alteran la pronunciación de los sustantivos. Esto provoca que el nuevo alfabeto tenga una gran belleza gráfica, con todo tipo de signos que dan vuelta y rodean a las letras, lo que las hace ver como una elaborada caligrafía.

En 1655 es enviado a Persia, donde permanece hasta su fallecimiento, pero la labor de Alejandro de Rodas en lo que hoy es Vietnam, Camboya y Tailandia merecería todo un libro por sí sola. En 1943, como homenaje, la colonia francesa de Indochina emitió un sello de 30 céntimos con la imagen de Alejandro de Rodas. En 2001, el artista vietnamita Nguyen Dinh Dang creó una pintura también como homenaje a Alejandro de Rodas y Nguyen Van Vinh