Autor: Hna. Juanita Madrigal mmx. /
Hace unos meses han cumplido 25 años de vida religiosa-misionera estas dos misioneras xaverianas mexicanas: Juana Madrigal, que trabaja en la misión en Tailandia y Judith Rosales en Camerún-Chad. A Juanita le hemos pedido que nos comparta un poco de lo ha significado para ella su consagración a Dios en la Misión.
Si alguien me preguntara hoy qué es la vocación religiosa, no creo de ser capaz de responder, porque ni siquiera yo la entiendo. ¿Por qué digo esto? Yo estaba convencida que mi camino era el matrimonio y estoy convencida todavía hoy que si me hubiera casado sería feliz como lo soy en este estilo de vida que escogí.
Lo que alcanzo a ver es que hay Alguien que me atrae de un modo que no puedo oponerme. En algunas etapas de mi vida he luchado como Jacob luchó contra Dios, en otras, me escapé como Jonás o Elías. He preguntado ¿por qué precisamente yo?... He encontrado siempre una sola respuesta: ¡Porque yo te amo, porque eres mía! (cf. Os 2,22).
Me siento en sintonía con la experiencia hecha por el pueblo de Israel en el desierto y para la liturgia de mis veinticinco años de profesión religiosa escogí la cita de Dt 8, 2-6 que comienza así: Acuérdate de todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. Dios recuerda a su pueblo que todo es obra de Dios; también yo en estos veinticinco años he experimentado su presencia paterna y materna, la alegría inmensa de pertenecerle y de colaborar, aunque poco, en la difusión para que sea conocido en el mundo.
Los momentos de oscuridad, de silencio de Dios, de perplejidad, de dudas, de crisis, me han empujado con fuerza a los brazos de Dios, al que he buscado con todo el corazón y Él siempre me ha respondido confirmándome que está cerca de mí. Su presencia amorosa y fiel ha sido para mí un aliento de vida, el agua en el desierto, la paz.
Siempre me he sentido como su creatura en crecimiento; las experiencias de fragilidad han sido para mí ocasión para confiar en Dios, dejándolo guiar mi barca hasta cuando podré verlo cara a cara. Confío que hará grandes cosas en mí, como Él es, y todo será porque Dios sea amado y conocido en todo el mundo, sobre todo en Tailandia, misión donde trabajo.


