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P. Víctor N. Martínez sx

SURGIMIENTO Y CONVIVENCIA CON LA CULTURA DE LA MENTIRA

En el paso de nuestra existencia constatamos del devenir de la historia, las cosas van cambiando, cambia la manera de realizar las cosas, porque hay nuevas herramientas para organizar y lograr la satisfacción de las necesidades humanas en todos los ámbitos humanos y un elemento a reflexionar en medio de tantos cambios el de comunicarnos y ver los acontecimientos y vernos a nosotros mismos. Si los medios de comunicación son uno de los poderes sociales, qué importante es que se digan las cosas con veracidad, y así salvaguardar la fuerza social y el bien de las personas en el ámbito individual y social. Es aquí el punto flaco y la curva de la historia: las cosas y los acontecimientos se cuentan para defender grupos e intereses escondiendo la verdad, la transparencia y la defensa de la comunidad.

Vivimos en una época donde la información circula más rápido que nunca. Sin embargo, junto con los avances tecnológicos y la comunicación inmediata, también ha crecido un fenómeno preocupante: la cultura de la mentira. Esta no se limita únicamente a las falsedades evidentes, sino que incluye medias verdades, manipulación, desinformación y actitudes sociales donde engañar parece aceptable o incluso necesario. La cultura de la mentira afecta la política, los medios de comunicación, las redes sociales, las relaciones personales y hasta la vida laboral. Cuando la mentira se vuelve costumbre, la confianza social se debilita y las personas viven con incertidumbre, miedo o desconfianza permanente.

Esta cultura de la mentira surge de varios factores humanos: el miedo que puede ser al rechazo, al castigo a perder el poder a quedar en evidencia. Las personas y las instituciones muchas veces prefieren ocultar errores antes que enfrentarlos. En algunos contextos, mentir se convierte en una herramienta útil, para obtener ventajas económicas, políticas o sociales. Cuando el éxito importa más que la ética, la verdad pierde valor. La rapidez con la que circulan noticias e imágenes hace que muchas personas compartan información sin verificarla. Una mentira repetida constantemente puede llegar a parecer verdadera. Cuando una sociedad deja de valorar la honestidad, la responsabilidad y la transparencia, la mentira encuentra terreno fértil para crecer. 

Esta manera de vivir va generando una estructura; la cultura de la mentira no aparece de manera espontánea, se construye poco a poco mediante varios mecanismos. Las personas comienzan a considerar “normal” mentir en pequeñas cosas como las excusas falsas, promesas incumplidas, manipulación de la información y engaños cotidianos y con el tiempo la mentira deja de provocar la culpa. Muchas mentiras sobreviven porque apelan a emociones fuertes: el miedo, enojo, odio, fanatismo y esperanza exagerada y cuando las emociones dominan, el pensamiento crítico disminuye. 

La cultura de la mentira también se sostiene cuando las personas callan, justifican o prefieren ignorar la verdad para evitar conflictos. Paradójicamente, mientras más mentiras existen, más difícil se vuelve distinguir la verdad. Esto genera una sociedad confundida donde muchos terminan creyendo cualquier versión conveniente. Este planteamiento de la historia puede ser una realidad que va entrando en los ámbitos vulnerables de la comunidad, la familia y la educación, esto se convierte en un gran desafío de nuestro tiempo para el desarrollo personal y social.