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P. Gerardo Custodio sx

PARÁBOLA SOBRE EL PERDÓN (Lc 7, 36ss)

En la casa de Simón el fariseo, donde Jesús fue invitado a un banquete, se hace presente una prostituta. Simón la reconoce inmediatamente y se siente molesto: esa mujer puede contaminar la pureza de los comensales y estropear el banquete. La mujer va donde Jesús, se echa a sus pies y rompe a llorar. No dice nada, está conmovida. No sabe cómo expresar su alegría y agradecimiento. Sus lágrimas mojan los pies de Jesús. Luego se suelta su cabellera y se los seca. No puede hacer eso delante de varones, pero ella no se detiene, como si estuviera acostumbrada a ser despreciada. Besa una y otra vez los pies de Jesús y, abriendo el pequeño frasco que lleva colgando de su cuello, se los unge con un perfume caro. 

Jesús al notar la molestia de Simón lo interpela con una pequeña parábola: Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos estará más agradecido? 

El ejemplo de Jesús es sencillo y claro. No sabemos por qué se les perdona la deuda a los dos. Sin duda es un hombre generoso que comprende los apuros de quienes no pueden pagar. La deuda de uno es grande: quinientos denarios, el sueldo de casi dos años de trabajo en el campo, una cantidad casi imposible de pagar para un campesino. La del segundo solo asciende a cincuenta denarios, algo posible de conseguir, el sueldo de siete semanas. ¿Cuál de los dos le estará más agradecido? La respuesta de Simón es lógica: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Los oyentes piensan igual. 

Así sucede con la llegada de Dios. Su perdón despierta la alegría en los pecadores, pues se sienten aceptados por Dios no por sus méritos, sino por la gran bondad del Padre del cielo. Los que se creen “perfectos” reaccionan de manera diferente: no se sienten pecadores ni tampoco perdonados. No necesitan de la misericordia de Dios. El mensaje de Jesús los deja indiferentes.

Esta prostituta, por el contrario, conmovida por el perdón de Dios y las nuevas posibilidades que se abren a su vida, no sabe cómo expresar su alegría y agradecimiento. El fariseo Simón ve en ella los gestos ambiguos de una mujer de su oficio, que solo sabe soltarse el cabello, besar, acariciar y seducir con sus perfumes. Jesús, por el contrario, ve en el comportamiento de aquella mujer impura y pecadora el signo palpable del perdón inmenso de Dios: «Mucho se le debe de haber perdonado, porque es mucho el amor y la gratitud que está mostrando». 

Dios llega ofreciendo a todos su perdón y su misericordia. Su reinado está llamado a inaugurar una forma de perdón y compasión. Jesús ya no sabe vivir de otra manera. Para sacudir la conciencia de todos pronuncia otra parábola, para el próximo número, sobre un siervo que, a pesar de ser perdonado por su rey, no aprende la lección.