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P. Alberto Morales Reyes sx

Juan María Vianey: El párroco por excelencia

Conocido como el Cura de Ars, nació en Dardilly, Francia, el 8 de mayo de 1786, su verdadero nombre era Juan Bautista María Vianey.

Sus biógrafos resaltan que intelectualmente era muy pobre, los estudios no eran lo suyo. En cuanto a los estudios en el seminario, su principal tormento era el latín, lengua oficial de la Iglesia en sus tiempos. De hecho, los estudios de filosofía los tuvo que hacer en francés para poder entender la materia.

También se sabe que, en 1809, cuando Napoleón invadió España, muchos jóvenes fueron llamados a formar parte del ejército, Vianey también fue obligado a ir a combatir, pero antes de salir al frente se puso a rezar en una iglesia, cuando salió, sus compañeros ya se habían ido y eso le dio la posibilidad de regresar al seminario hasta su ordenación sacerdotal el 13 de agosto de 1815.

En 1818 fue enviado al pueblo de Ars como capellán. En 1821 la iglesia de Ars fue nombrada parroquia y Vianey se convirtió en su primer párroco. Vivió humildemente, regaló la cama y varios muebles a los pobres. Para convertir al cristianismo a la gente de Ars tuvo que hacer mucha penitencia, ayuno y oración. Tan eficaz fue su método que cuando uno de sus hermanos sacerdotes se quejaba de la tibieza de sus cristianos, el cura de Ars le dijo que si no oraba ni hacía penitencia, no tenía derecho a quejarse de su gente.

Cuando el padre Vianey llegó a Ars no había muchos cristianos, por lo tanto, no tenía que confesar a mucha gente, porque además el pueblo no contaba con más de 250 habitantes. Pero gracias a sus oraciones y a la sabiduría que Dios le daba, aquel pueblo se volvió el centro para recibir el Sacramento de la Reconciliación. En un hombre incapaz de aprender el latín, Dios puso toda su sabiduría para que muchas almas alcanzaran, hasta nuestros días, la salvación eterna.

¿Qué tenemos que aprender del Cura de Ars? Sin lugar a dudas, su perseverancia, su fidelidad, su humildad para seguir a Jesús. Gracias a estas cualidades él tuvo la paciencia de escuchar en confesión a todo aquel que buscaba el perdón de sus pecados. La vida de san Juan María Vianey también nos enseña que la vocación a la vida sacerdotal y religiosa no depende sólo de la inteligencia humana, sino, sobre todo, de la sabiduría de Dios.

El amor a Dios y la oración son para este santo lo más importante para el cristiano. En una de sus catequesis dice: “El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oran y aman, habrán hallado la felicidad en este mundo. Hijos míos, su corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios”.

Murió un 4 de agosto de 1859. Fue beatificado el 8 de enero de 1905 y canonizado en 1925. En 1929 el Papa Pío XI lo nombró patrono de los párrocos.