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P. Gerardo Custodio sx

EL DESARROLLO, LA DEUDA Y LA CORRUPCIÓN

Seguimos analizando la Encíclica del Papa Francisco sobre la ecología. Nos dice que el sistema productivo actual necesita consumidores y productores. El efecto de esto puede verse en las ciudades del planeta donde millones de trabajadores viven en lugares insalubres y son la mano de obra del sistema productivo internacional. Al mismo tiempo en otros lugares, millones de personas se aglomeran en los centros comerciales para comprar. No hay consumo sin producción y no hay producción sin consumo. Productivismo y consumismo son las dos caras de la misma moneda de la patología del desarrollo.

No hay dos modelos económicos distintos para elegir: el modelo capitalista y el modelo comunista. En realidad, san Juan Pablo II que vivió en los dos modelos dice, que el comunismo soviético no era más que un capitalismo de estado. Ambos modelos económicos estaban de acuerdo en lo sustancial: la necesidad de producir más a toda costa.

El productivismo es hijo del progreso y de la modernidad. Con la revolución industrial llegó la necesidad de producir más y más sin importar las consecuencias. Se trata de una carrera loca hacia un abismo y viene de la mano del consumismo, los cuales forman la base de toda la destrucción física del planeta, a la par de la destrucción moral del ser humano.

El sistema productivo está organizado para generar riqueza hacia una parte pequeña de la población. El 1% de los seres humanos disfrutan del 50% de todos los recursos y riqueza producida. Otros pocos gozan del 30% y el resto de los recursos quedan para el 90% de la población. El 70% de la población apenas puede disfrutar de un 3% de la riqueza. 

Esto no es un mal reparto o escasez, de hecho, se produce más de lo que se necesita y por eso se desperdicia una cantidad enorme de recursos. El problema es de injusticia, en el modelo que gestiona la producción y la distribución. Es un modelo que mata a una parte de la población y explota a otra en beneficio de un grupo muy reducido de seres humanos. 

Así se está destruyendo el medio natural para producir más y más. En muchos lugares de Asia, África y América Latina el desarrollo no respeta ni el medio natural ni el medio humano. En algunas zonas del Congo donde se extrae el coltán para la producción de celulares, las corporaciones financian las guerrillas que les aseguran el codiciado metal. Esas condiciones de vida pésimas son lo que la industria necesita para bajar el costo de la producción y obligarlos a trabajar por sueldos miserables. 

Los países empobrecidos recurren a pedir prestado. La deuda es un mecanismo de enriquecimiento, de modo que países enteros apliquen políticas que interesan a las grandes corporaciones, y mediante la corrupción, se consigue que aquel país no salga nunca del subdesarrollo y de su deuda. Los préstamos no han servido para desarrollar países porque buena parte de ellos se quedó en los mismos bancos a nombre de los políticos del país, pero luego el país entero debe pagar el préstamo. Al no poder pagar les obligan a malvender los recursos naturales. Este es el nuevo colonialismo del sistema.