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P. Ruben Macias sx.

El libro sublime de la creación

Estimados amigos lectores, durante este primer mes del 2024 se nos invita a “comprometernos con la ecología”. Todos somos conscientes del grande regalo que Dios nos ha dado al crearnos y ponernos “en este universo, tan variado, tan bello, tan maravilloso” (Mons. Conforti, homilía fiesta de Todos Los Santos, 1917), de igual manera todos somos conscientes de la necesidad de reflexionar y cooperar en la defensa "de esta querida Tierra nuestra, que es el gran recurso que Dios nos ha dado y que está a nuestra disposición para no ser desfigurado, explotado o degradado, sino para que, disfrutando de su inmensa belleza, podamos vivir con dignidad". (Mensaje del Papa Francisco a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Estrasburgo, 29 de septiembre 2021)

San Guido Conforti vivió su infancia en un ambiente rural, en contacto directo con la naturaleza, pero también creció siendo formado por aquel principio franciscano de “hermandad con la naturaleza”. “El gran santo de Asís veía la imagen de Dios en las cosas, el reflejo de la belleza y de la bondad suprema; en todo veía la huella de la divina paternidad; y por consiguiente se sentía unido con todos por un lazo fraternal, desde el hermano sol hasta la hermana muerte, desde las hermanas golondrinas hasta las alondras, al hermano lobo, él lo ama todo en la naturaleza, y todo le contestaba con una sonrisa, con un himno de amor” (15 agosto 1918, homilía). La creación, para Conforti, forma parte de esas realidades en donde “Ver a Dios, amar a Dios, buscar a Dios en todo”; su espíritu contemplativo y místico le hace encontrar en la belleza de la naturaleza una escalera que conduce al Padre y abre al compromiso por el prójimo que vive gracias a la generosidad de la madre tierra.

Gracias a sus enseñanzas y a su vida, podemos aprender nosotros, los habitantes de una naturaleza, hoy tan maltratada y que “gime y nos ruega que detengamos nuestros abusos y su destrucción”. (Audiencia 31 agosto 2022, Papa Francisco).

“El universo, es un gran libro, fiel expresión del pensamiento de Dios -nos enseña Mons. Conforti-. Él abrió este libro bajo nuestra mirada para darse a conocer y, por consiguiente, hacerse amar y servir. Y, ya que es la expresión del pensamiento de Dios, revela un poder infinito, una sabiduría infinita, un amor infinito. El mundo visible es la corteza transparente de un mundo invisible”. Nuestro fundador nos exhorta con su habitual elocuencia: “¡Feliz aquel que sabe leer este libro sublime!” (8 diciembre 1918, homilía).

Más aún, en su enseñanza nos interroga y nos invita a obedecer la voluntad de Dios, respetando la armonía de la creación: “Y somos exactamente nosotros los hombres los que, movidos por el espíritu de rebeldía, no obedecemos la Voluntad divina, somos exactamente nosotros los que perturbamos la armonía maravillosa del universo y manchamos la belleza del mundo”. (1 noviembre 1917, homilía); y nos lanza un duro cuestionamiento: “Todo el universo lleva a cabo un himno de alabanza y de acción de gracias a Dios, y el hombre, al que Él constituyó como rey de la creación, ¿podrá acaso permanecer indiferente, insensible en medio del canto armonioso universal, vivir olvidándose de su Creador, al cual todo le debe, y ser así la nota más desentonada y estridente?” (1926, carta pastoral para la cuaresma).

¿Qué decir y qué hacer ante este cuestionamiento?