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Xaverianos

El regalo de la Fe

Autor: P. Álvaro Aguado R. /

Muchas personas dicen que para lograr algo en la vida debes de tener fe, por lo general “en ti mismo”. El origen de la fe está en nosotros mismos, y efectivamente, cada uno de nosotros tiene un alto grado de confianza en lo que hacemos, decimos o pensamos. Cuando tenemos una autoestima adecuada y equilibrada, tenemos un alto grado de confianza. Sin embargo, hay otra fe más segura, que no se equivoca, es eterna y no proviene de ti, sino de una fuente eterna y eficaz, es un don, un regalo, un obsequio, una dote.

 San Guido María Conforti, hablando sobre el tema en una homilía de Agosto de 1910 nos dice: «La fe, no es una ciencia que se obtiene a fuerzas de estudio, de cálculos, de ingenio como las matemáticas y la astronomía, sino que es un regalo gratuito que el Señor concede a los humildes y niega a los soberbios. El motivo formal de la fe es la autoridad infalible de Dios revelador. Sobre esto, no hay distinción entre grandes y pequeños, entre el ingenio más sublime y el corriente. Ésta es una ley que obliga a todos, que abaja toda grandeza que quiera alzarse contra la ciencia de Dios, y somete todo intelecto en atención a la fe.

Ante la fe, el soberbio siempre prefiere su propio juicio, aferrado al principio de no creer sino lo que ve y entiende, de no admitir completamente los dogmas sin comprenderlos, corre atrevidamente en busca de objeciones, las discute sin preparación y sin prudencia, con una actitud catedrática y las soluciona a su juicio y acaba por negarlo todo. Es un exceso de fe en sí mismo que lo hace faltar de fe en Dios. En vano tú te acercas a convencerlo, en vano te esfuerzas por explicarle las verdades reveladas, exponerle hasta la evidencia los motivos de credibilidad de nuestra fe».

A todos se nos ofrece la fe en mil pequeñas luces, para muchos, la familia: los padres o abuelos, los hermanos o tíos, los primos u otros familiares, son un testimonio fresco, alegre, entusiasta y luminoso de la fe. Para otros, habrá sido algún sacerdote, religioso o religiosa, catequista, educador, personas dedicadas de por vida a decir y explicar el don que Dios nos ha dado con la venida de Cristo. Para otros, un amigo, un compañero de trabajo, una persona encontrada en un viaje, en una sala de espera, en un consultorio médico, en un museo. Para otros, la ayuda llegó a través de un libro, una fotocopia, una página de internet, un e-mail inesperado de esos que corren de lista en lista entre amigos y conocidos. Lo que al inicio era una lectura de curiosidad empezó a encender algo en la conciencia. Como si de repente el mundo empezase a vestirse de sentido porque descubríamos que hay un Dios que es Creador y Padre bueno, Redentor y Salvador en su Hijo Jesucristo, vivo y presente en la Iglesia.

Mons. Conforti en otra homilía del 19 de Mayo de 1918 nos esclarece más esta experiencia diciéndonos que: «La fe es perfección de luz para la inteligencia, y por eso es consuelo para el corazón, apoyo para la conciencia, energía y dulzura divina en toda la vida de la persona. Quiten la fe religiosa y tendrán la incredulidad. El ateísmo es generador de suicidios, es causa de muerte para la inteligencia o por lo menos la disminuye, la mutila, la deja sofocar en sus reducciones que entorpecen. Nosotros que tenemos la suerte de creer con perfecto consentimiento de nuestro intelecto repetimos: “Creo y adoro”».

A ti y a mí que tenemos fe, nos toca hacer presentes y visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado con la continua renovación y purificación propias bajo la guía del Espíritu Santo.