Chiara Lubich fue una mujer que se dejó guiar por Dios, se adelantó a su tiempo. Laica consagrada y entregada a las más diversas causas humanas que llevan a la fraternidad, a la comunión, al diálogo entre distintas confesiones cristianas y no cristianas, incluso con personas sin religión, todo ello para que la humanidad viva en paz.
Fue en el otoño de 1944 que empezó a tomar forma su movimiento conocido como Focolari ya que nació un pequeño departamento en Piazza Cappuccini, de la ciudad de Trento. Ahí Chiara junto con algunas jóvenes empezaron a leer y a meditar el Evangelio. Este pequeño grupo será el germen del movimiento que se convertirá más tarde en una nueva corriente espiritual que será seguido por jóvenes, familias, campesinos, políticos, sacerdotes y obispos. Se dice fácil, sin embargo, a Chiara le costó muchas incomprensiones, como que su movimiento fuera considerado una secta o hasta una nueva forma de comunismo, fanatismo, etc.
La tenacidad de Chiara la llevó a presentar su movimiento al Obispo de Trento, quien después de haber investigado, aprobó los primeros estatutos de los Focolarinos en 1947 llamándolos Apóstoles de la Caridad. Gracias a la aprobación pontificia otorgada por el papa Juan XXIII en 1962, el movimiento focolar se encuentra actualmente presente en los cinco continentes.
Chiara tuvo una gran confianza en la niñez y en la juventud por eso inicia dentro del movimiento la expresión juvenil llamada GEN (Generación Nueva) con la intención de que sean los mismos jóvenes y niños quienes transmitan la riqueza del Evangelio a sus compañeros. Otros integrantes son los que forman el Movimiento Humanidad Nueva que son personas de todos los credos y condiciones, gente que quiere cooperar a dar un alma a la sociedad contemporánea, contribuyendo a la renovación de personas y estructuras.
Un momento importante para el movimiento focolar es la Mariápolis, que son encuentros de algunos días para conocer, profundizar y animar a vivir según la ley del amor evangélico.
Chiara también buscaba la unidad de los políticos, pues estaba convencida que la humanidad necesita de hombres y mujeres honestos que luchen por la justicia y la paz e instauren una economía de comunión, decía: “Ha llegado el momento en que la patria del otro debe ser amada como la propia. Hoy los tiempos exigen una conciencia social que edifique no solo la propia tierra, sino que también ayude a la edificación de la de los demás”.
La aportación de los Focolares al mundo también tiene que ver con la educación, construyendo escuelas; con la salud a través de hospitales, muchos profesionistas van a diferentes países para ayudar a los más necesitados; otros intervienen en los diálogos por la paz en países en guerra, ya que Chiara decía: “No estamos completos si no somos humanidad. Somos humanidad si llevamos dentro todas las culturas”, y esto es lo que hace la paz.
Silvia que fue el nombre que se le dio al ser bautizada y que más tarde cambiaría por Chiara al ingresar en la Tercera Orden Franciscana, nació en Trento, Italia, el 22 de enero de 1920 y murió un 14 de marzo de 2008 en Rocca di Papa. Es considerada como una de las mujeres más relevantes de la Iglesia Católica del siglo XXI. Actualmente está en curso el proceso para su posible beatificación.



