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P. Marcos Garduño sx

Un compromiso de fe

El pasado lunes 21 de marzo, el papa Francisco envió una carta personal a todos los obispos del mundo para convocar a todos los sacerdotes, religiosos y fieles cristianos a unirse de una manera muy especial en oración en los lugares sagrados, el 25 de marzo, dentro del contexto de la celebración de la Solemnidad de la Anunciación, en donde explicaba los motivos por los cuales ha querido consagrar a la humanidad entera, pero de manera especial a Rusia y Ucrania, al Corazón Inmaculado de María.

Evidentemente, no se trataba simplemente de una iniciativa personal, sino era fruto de las peticiones que ha recibido de diferentes partes del mundo y en especial de los todos los obispos de Ucrania, en orden a que la iglesia hiciera algo para que esta pesadilla que ha causado tanto dolor, cese y se busque todo lo posible por encontrar la paz nuevamente en ese territorio y en la humanidad entera, que sufre de violencia.

Lo que me parece importante resaltar de este acontecimiento, es precisamente nuestra colaboración como Iglesia universal para lograr la paz, a través de un acto de oración comunitaria, llena de fe y confianza en la Madre de Dios, Reina de la paz, como lo refiere el mismo Papa en su carta de convocación.

Esta oración comunitaria, no es un hecho aislado, sabemos que la Iglesia continuamente trata de fomentar iniciativas que promuevan la paz entre las naciones y la reconciliación entre los pueblos, con la conciencia clara de que no siempre bastan los medios humanos y hay que pedir el auxilio divino.

Esta petición que ha hecho el Papa de “orar juntos” por la paz es muy significativo en el camino que él mismo ha propuesto en este tiempo de crecer en la sinodalidad, de caminar juntos, ya que se motiva a que cada uno se sienta responsable de los problemas que afectan a los demás seres humanos que habitan en cualquier rincón del mundo. Sobre todo, los que hemos sido bautizados y somos Iglesia, tenemos un compromiso de fe para tratar de hacer algo por el bien de la humanidad, dejando a un lado la indiferencia, la pasividad, escudándonos en el anonimato como muchas veces sucede.

Ojalá que este acto, nos ayude a descubrir el potencial que cada uno de nosotros puede aportar para mejorar nuestro mundo. Deseo de todo corazón que este acto no signifique para nosotros un simple evento conmovedor, sino que represente el inicio de revalorar la importancia del orar juntos. Una oración que no se centre solo en “mis problemas”, sino que interceda y se comprometa a dar una solución a los diversos problemas que vive nuestro mundo. Una oración que nos ayude a sentirnos más parte de la Iglesia que, como Cuerpo de Cristo, no seamos indiferentes ante el sufrimiento de las personas que encontramos en nuestro camino.