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P. Rolando Ruíz s.x.

Dando cada uno lo mejor

Cuando le fe del otro te habla de Dios y te trasmite esa presencia hermosa que solo Dios da, entonces descubres una vez más algo que difícilmente intuimos: los otros nos presentan siempre algo del Dios a quien amamos y en el que creemos, pero que siempre, siempre nos supera.

Esta ha sido mi impresión del encuentro con la señora Latifa Ibn Ziaten, una mujer que vive su fe a la vez tan sencilla y profunda, que de repente uno no sabe en qué camino anda.

Esta mujer, ha recibido el premio de la Fraternidad Humana en su primera edición, lo ha recibido junto a Antonio Guterres, Secretario General de la ONU. Les ha sido otorgado por el Alto Comité de la Fraternidad Humana que tiene su sede en Abu Dabi. La primera edición de esta jornada internacional se ha celebrado el 4 de febrero de 2021. La Asamblea de las Naciones Unidas la ha aceptado internacionalmente por votación.

Este galardón, quiere hacer eco al documento de la Fraternidad Humana por la Paz y la Convivencia en Paz firmado por el Papa Francisco y el gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb el 4 de febrero de 2019. Un documento sin precedentes en el que musulmanes y católicos dan un paso adelante, y que recuerda el paso dado hace ocho siglos, en el encuentro que tuvo San Francisco de Asís con el Sultán Malik Al-Kamil en Damieta, Egipto.

Volviendo a Latifa Ibn Ziaten, ella se presenta como mujer, musulmana, francesa y marroquí. Nacida en Tetuán y casada con un hombre de Mdiq, emigró a Francia cuando tenía 17 años, no sabía nada de francés. Juntos formaron una familia de cinco hijos. Uno de ellos Imad Ibn Ziaten, por ser soldado fue asesinado por un terrorista que quería poner de rodillas a Francia. Según el deseo de Imad y su amor por el mar, sus restos mortales responsan en el cementerio de Mdiq en Marruecos.

A nosotros, los Misioneros Xaverianos, apenas llegados hace ocho meses a Fnideq, se nos ha confiado la iglesia de San Francisco de Mdiq, a 22 kilómetros de donde vivimos, y que cuenta con cuatro cristianos regulares. Ya desde un principio nos habíamos propuesto que una de nuestras actividades, al trabajar plenamente con hermanos y hermanas musulmanes, tenía que ser la de celebrar el día de la Fraternidad Humana aquí.

Poco a poco hemos sabido de Imad, que estaba enterrado en Mdiq, que existe la Association Imad pour la jeunesse et la paix fundada por su madre, señora Latifa, en su honor y para que él siga inspirando a otros. La finalidad de esta asociación es brindar una experiencia de vida a los jóvenes que tienen sus sueños rotos, sin esperanza y que además son presa del terrorismo.

La señora Latifa es una militante de la fraternidad, recorre colegios, universidades, cárceles y foros en Francia, y poco a poco va abriendo el corazón de los otros a la riqueza del que es diferente y al amor de lo que se es capaz. Mujer sencilla, lleva velo rompiendo esquemas y su combate en el corazón, para hacer un mundo en donde reine la convivencia en paz.

Al ponernos en contacto con ella nos ha hecho saber que llevaba años queriendo encontrar a la comunidad cristiana de Mdiq, se juntaba el hambre con las ganas de comer, y rápidamente ha dicho sí a nuestra proposición de celebrar el día de la Fraternidad Humana. Al final ha tenido que ser vía zoom debido al Covid y al cierre de fronteras. Sin embargo, nos habíamos propuesto celebrar un homenaje a Imad, el cual ha tenido lugar en la Iglesia de Mdiq. Deseo transcribir lo que Latifa ha subido a su página de Facebook acerca de ese momento tan entrañable:

"En la iglesia de M’diq, en Marruecos, con el padre Rolando y sus fieles, así como con los Imanes de la ciudad, encendimos una vela en memoria de mi hijo Imad, unidos en la misma oración, en la misma emoción, en la misma lucha, en fraternidad. Es un encuentro que guardaré el recuerdo en el fondo de mi corazón. Gracias a las comunidades cristiana y musulmana de M’diq por este hermoso momento. Es una alegría para mí construir puentes y fortalecer lazos entre las religiones."

En esa celebración hemos experimentado a Dios que nos quiere hermanos y hermanas haciendo de nosotros siempre mejores personas, así del musulmán mejor musulmán y del cristiano mejor cristiano, viviendo la fraternidad humana y unidos para salvar el mundo dando cada uno lo mejor de nosotros mismos y unidos de la mano.

Por último, a la pregunta de muchos: ¿Qué hemos venido a hacer a Marruecos los Misioneros Xaverianos? Eso, a estrechar lazos, a vivir la comunión y el encuentro, a dejarnos aceptar y a aceptar a los demás, a descubrir en el otro la presencia hermosa de Dios que nos ha creado y puesto en la tierra para hacer del mundo una familia de hermanos y hermanas.

Algunos alaban nuestra presencia y lo único que podemos decir es que nosotros recogemos, por un lado, lo que ocho siglos de presencia franciscana han sembrado en esta tierra, y por otro, el combate que la señora Latifa lleva en su corazón y con el que va sembrado cosas buenas.

Al final nosotros, xaverianos somos humildes servidores de la undécima hora al servicio del mundo y de la Iglesia de Tánger, pero alegres de poder hacerlo, sabiendo que muchos nos acompañan con su vida cotidiana, oración y sueño de ver este mundo caminar según Dios.