Skip to main content
P. David Peguero s.x.

Padre en la sencillez y humildad

Hola estimados lectores de nuestra revista. Les saludo nuevamente deseando todo bien para cada uno de ustedes y de sus familias.

Gracias por permitirnos llegar a sus hogares y compartir con nosotros la alegría de ser misioneros del Señor. Con la presente contribución, cerramos la serie de artículos que tenía como tema la figura de san José, cuyo año jubilar dedicado a él, concluirá el próximo 8 de diciembre.

Nuestra intención ha sido presentar algunos de los aspectos que caracterizan la vida de quien fue en la tierra el padre de Jesús, de tal modo que, conociéndolo un poco más, podamos también cultivar un aprecio hacia él, es decir, una auténtica devoción, y, sobre todo, imitarlo en sus virtudes que nos ayuden también a nosotros a colaborar mejor en el proyecto de amor de Dios, Uno y Trino, que abarca a toda la humanidad.

Otra característica de san José que menciona el papa Francisco en su Carta Apostólica Patris corde, es la que lo describe como un padre en la sombra. El calificativo “sombra”, quizás, podría hacernos pensar en algo no tan bueno, o en algo medio oculto que no sería bueno mostrar abiertamente. Pero el significado del término, así como lo usa el Papa, no tiene que ver nada con eso.

Se refiere al hecho de que San José, en su rol de padre de Jesús y esposo de María, llevó a cabo su encomienda de un modo discreto, porque supo poner siempre al centro de su vida a Jesús y a María. Desde su compromiso “silencioso” y perseverante, llevó adelante la misión que le fue encomendada. Proveyó el sustento cotidiano a su familia mediante su sencillo trabajo de carpintero, los protegió en los momentos difíciles cuando pendía sobre Jesús la amenaza de muerte, y, sobre todo, vivió su rol de padre en su tarea de educar y guiar a Jesús en la fe en el Dios de Israel, mediante sus palabras y ejemplos.

José, como verdadero padre, supo vivir su paternidad, nos dice el papa Francisco, en la tarea de introducir a Jesús en la experiencia de la vida y hacerlo un hombre libre y responsable, capaz de elegir y actuar responsablemente con las decisiones tomadas. En su vida José mostró siempre aquella actitud de “donación de sí mismo” que reflejaba su entera confianza en Dios. “Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza”, afirma el Papa. Gracias a esta actitud de gran confianza y don de sí, José pudo aceptar el proyecto de Dios para él y llevarlo a buen término.

Y en esta actitud de padre, la Iglesia, es decir, cada uno de nosotros, lo seguimos reconociendo como modelo de vida y de fe y como un gran intercesor en favor nuestro. Además, por su actitud de entrega de sí mismo, José nos enseña que toda vocación, sea matrimonial o consagrada, nace de esta actitud de disponibilidad plena al querer de Dios y en la acogida confiada de esta voluntad divina, podemos encontrar un camino de auténtica felicidad y realización.

Estimados amigos y amigas lectores, que san José les inspire en su vida para crecer en el amor verdadero que consiste en el saber donarse confiadamente y sin reservas al proyecto de Dios como él. Que su entrega discreta y silenciosa nos inspire también a nosotros a buscar el único reconocimiento que tiene validez eterna, el reconocimiento del Padre celestial, y a seguir testimoniando su misericordia y amor con nuestra manera de vivir.