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Xaverianos

¿A QUÉ NOS PREPARAMOS?

Autor: P. Gerardo Custodio L. /

La Cuaresma es un tiempo apropiado, establecido por la Iglesia, con la finalidad de llegar preparados para algo bien importante: la Pascua. La preparación no es la fiesta, ni puede ser confundida con la gran fiesta porque pierde el sentido. Un atleta necesita dosificar bien las dos etapas: la preparación y la competencia. La preparación indica la progresividad que le va dando a sus ejercicios en la medida que se aproxima a la competencia. Ambas etapas pueden dar magníficos resultados si se coordinan convenientemente. Llegar a la competencia sin la adecuada preparación lleva al fracaso. En la medida que el atleta entiende la importancia de la competencia, en esa medida se preparará.

Un primer ejercicio de cuaresma es identificar la meta o al rival. El libro del Deuteronomio (26,6ss) dice que el pueblo de Israel era pequeño y débil ante Egipto que lo mantenía esclavo y del cual era imposible librarse. Fueron muchos años de dependencia y sin futuro de verse libre de tan terrible esclavitud. En un determinado momento entra Dios en acción para ayudarlo. El rival a vencer es el Maligno, autor de toda desgracia. ¿De qué manera está presente el Mal dentro de mí, de mi familia y de la sociedad? ¿Ante qué nos hemos rendido considerando que así somos y ya no podemos cambiar porque el enemigo es demasiado fuerte? ¿Prefiero guardar mi cuaresma no comiendo esto o aquello y ya? Si deseo la victoria ¿qué tanto quiero trabajar?

El artículo de la página 3 nos presenta a Pedro, que con sus compañeros intentaron pescar toda la noche y nada consiguieron. Jesús les pide que echen de nuevo las redes y Pedro le dice: “confiando en tu Palabra, echaré las redes”. Hacer las cosas solo no podremos hacer frente al fuerte rival. Pedro confía en la Palabra y hace lo que se le pidió. El resultado es otro completamente. El mismo quedará sorprendido de la abundancia de la pesca que va a compartir con sus compañeros. Así como Pedro, el artículo de la página 11 nos ayudará a ver a otros personajes bíblicos que no se dieron por vencidos. Su fe en Jesús se transformó en el motor que los llevó a conseguir la victoria sobre su rival más poderoso.

Al final, Dios ofrece al pueblo de Israel una tierra que mana leche y miel, alimentos insuperables. Una tierra soñada para establecerse con su familia. La alianza con Dios los llevó a la pascua (pasaje) de una situación de pena y dolor para empezar una nueva vida. México y nuestras familias merecen una mejor situación. Somos parte del cambio… con Jesús resucitado.