Este 24 de mayo de 2020, fiesta de la Ascensión del Señor al Cielo, la Iglesia también nos invita a reflexionar sobre los medios de comunicación social. Y es así como desde hace 54 años la Iglesia Católica se ha dado a la tarea de reflexionar sobre lo positivo y lo negativo de los Medios de Comunicación. Así es. La Iglesia usa los medios de comunicación, prensa y radio como los más antiguos, para llevara el Evangelio a aquellas gentes que se encuentran lejos de las iglesias o donde son escasos los misioneros y misioneras, sacerdotes y catequistas. Después vino la televisión y hoy en día las redes sociales. Pero nada como en este 2020, año de la pandemia Covid-19. El mundo ha sido testigo de cómo las iglesias cerraron sus puertas al público, pero las celebraciones litúrgicas continuaron a través del internet. Para muchos esta fue una novedad. Y qué bueno, porque hasta hace algunos meses aún se debatía en algunos círculos católicos si era válida la misa transmitida por televisión o por la radio. Pues con la pandemia no quedó de otra, la misa fue autorizada por los obispos, ahora esperemos que esto continúe después de la pandemia.
El Papa Francisco, en su mensaje para esta 54ª Jornada de las Comunicaciones Sociales nos dice: creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.
Otro punto que siempre vuelve, y con razón, es la denuncia que la Iglesia hace contra los medios de comunicación, ya que no todos dicen la verdad, no todos ayudan a la gente a informarse, o bien instrumentalizan la comunicación para alcanzar fines políticos o sociales en contra del ser humano. Es por ello que el Papa Francisco también nos dice que: mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados.
El Papa nos recuerda que contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil, es por ello que contar, narrar a Dios a los demás, a través de los medios de comunicación, tampoco es inútil.
Con la transmisión de la misa a través de las redes sociales la Iglesia abrió sus puertas al mundo actual, y pasada la pandemia, no volverá, no debe volver con las mismas ideas sobre los medios de comunicación actuales. Para ello tenemos que entender que necesitamos ser profesionales en el uso de estos medios y aceptar los cambios que traen estos mismos. No podemos transportar lo que comúnmente se hace en la iglesia a las redes sociales, por ejemplo, no es lo mismo hacer una homilía en la iglesia que en una transmisión en vivo por una red social, sino ser más concisos, precisos y por lo tanto breves.
Y para quienes se han improvisado en transmisiones en vivo, porque la pandemia los agarró desprevenidos, y quieren seguir adelante, tienen que tener un mínimo indispensable de instrumentos adecuados para ello. Muchos fuimos testigo de transmisiones en donde el video se cortaba a causa de la saturación de las redes o porque el internet no daba para más, o porque el smartphone usado no tiene la capacidad para ello; otras veces el sonido era pésimo. Esto nos demuestra, además de la improvisación, que en la Iglesia Católica no estamos todavía a la altura de nuestros tiempos. No porque el celular tiene cámara fotográfica que el usuario sea un fotógrafo, o porque tiene cámara de video sea un cineasta, etc. Si queremos entrarle a los medios de comunicación de nuestra época es necesario dejar de improvisar, debemos pasar de aficionados a profesionales porque así lo requiere el Evangelio que necesitamos transmitir al mundo de hoy.
El mensaje del Papa Francisco concluye con una oración a la Virgen María y la queremos hacer nuestra para que nuestro mensaje llegue al corazón de todos los seres humanos: Madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlo juntos.




