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P. Alberto M. Reyes

Experiencia Misionera: P. Pedro Olvera en RD Congo

La parroquia de la Sagrada Familia de Luvungi, en la República Democrática del Congo, fue fundada en 1957. Primero fue atendida por los Misioneros de África, conocidos como los Padres Blancos y en seguida por los Misioneros Xaverianos. Desde entonces han prestado sus servicios muchos misioneros de diferentes países como Bélgica, Italia y por supuesto, México.

Entre los mexicanos que han trabajado en esta parroquia se encuentran el padre Mario Campos y más recientemente los padres Humberto Alejos, originario de Cortazar, Gto., Roberto Carlos Mendoza de San Juan de la Vega, Gto., Alberto Morales Reyes de Citlaltépec, Ver., y actualmente El padre Pedro Olvera de Salamanca, Gto.

Cada misionero aporta lo mejor de sí para que Jesús, su Evangelio y su Iglesia sean conocidos. Para ello se empieza por conocer a la gente, su lengua y cultura. El Kiswahili y el francés son los idiomas necesarios para vivir y compartir la fe con esta porción del pueblo de Dios.

La situación social en esta región del Congo es de mucha pobreza, sin embargo, la gente no se da por vencida, cada día salen a cultivar sus campos y así procurar su sustento cotidiano. En las escuelas, los mismos alumnos hacen los adobes para construir sus salones y así estudiar tranquilamente sin que las inclemencias del clima los perturbe.

A veces nos imaginamos que los africanos por ser pobres viven en la tristeza, pero no es así. La vida cotidiana pasa por la alegría, se canta, se baila, se juega, se celebra el don de la vida. La fe en Dios es grande, por ello las celebraciones litúrgicas son toda una fiesta.

En este contexto el padre Pedro trabaja desde hace ya varios años en el Congo, ahora particularmente en esta parroquia de Luvungi. Aquí se encarga de la pastoral de los niños, animándolos a no perder la esperanza y ayudándolos materialmente para que tengan la oportunidad de estudiar y tener un futuro mejor.

La presencia de los misioneros en esta parroquia ha contribuido también a la paz, porque no faltan grupos armados que desestabilizan la región y dificultan el progreso de la población. Las plegarias a Dios en favor de los misioneros los han librado de muchos peligros y así han podido ser un testimonio vivo de la presencia de Dios entre esta gente.

No olvidemos pedirle al Dueño de la mies que siga enviando obreros a su viña para que el Señor Jesucristo sea por todos conocido y amado.

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