El 11 de septiembre de 2024 la región xaveriana de México entregó la parroquia de Santa Cruz, Huejutla, Hidalgo, en las manos del Señor Obispo José Hiraís Acosta, obispo de Huejutla, el cuál presidió la eucaristía, estando presente el último párroco xaveriano, P. Jesús Romero Vera, y el primer párroco diocesano P. Román de la Cruz Hernández.
Un nutrido grupo de sacerdotes diocesanos se hicieron presentes, de igual manera nuestro superior regional, P. Juan Jorge Rosales, los padres xaverianos de Acoyotla Gerardo Olmos y Marcos Garduño, el P. Rafael Mares vicario de Santa Cruz, y los padres Alberto Morales y Rubén Macías de Ciudad de México.
Durante la eucaristía se realizaron varios gestos para dar gracias a Dios por los 50 años de presencia xaveriana en estas tierras (1974-2024). Al mismo tiempo se recordaron a los fundadores de esta parroquia: los PP. Aquiles Figini y José Rosti. Después de ellos llegaron los PP. Umberto Mauro Marsich, Carlos Mongardi, Santiago Milani, Angel Pisanu, Alfredo Spigarolo, Angel Milan, Edoardo Candian, Mario Gallia, Danilo Boschetto. También estuvieron los mexicanos Oscar de la Torre, Gerardo Olmos, Ángel Aboytes, Jesús Tinajera, Horacio Pérez Padilla, El Hermano Andrés Ibáñez, José Luis Vega, Rafael Mares, Jesús Romero y Juan Juárez. Sin contar los que estuvieron de paso por su servicio diaconal o por un corto periodo de formación.
Santa Cruz también fue un lugar privilegiado para el apostolado de los novicios xaverianos y de varios grupos de misión durante la semana santa o en vacaciones de verano, tanto nacionales como extranjeros. Durante muchos años Santa Cruz fue la única parroquia donde la misa, la catequesis, los cantos y la formación cristiana eran completamente en náhuatl. Los cohermanos italianos se esforzaron para aprender la lengua náhuatl y así pudieron componer cantos para la animación en los encuentros con los agentes de pastoral: célebre el canto de ¿Quénijqui motocan? O Totata, que es el padre nuestro en náhuatl, frutos del ingenio musical del P. Umberto Marsich. El P. Santiago Milani tradujo los cantos litúrgicos que ya existían en español al náhuatl y fue el único que hizo el esfuerzo de traducir el Nuevo Testamento en la lengua de esta gente. El P. Ángel Milan hizo el intento de crear un diccionario náhuatl-español, pero hasta la fecha no se ha podido concretizar su proyecto. Quienes no aprendieron la lengua se hacían ayudar por los catequistas para dar la homilía en la misa de los domingos. Este fue el apogeo de la inculturación del Evangelio en estas tierras huastecas. Con la llegada de los xaverianos mexicanos a esta parroquia esto ya no tuvo continuidad, y aunque duela decirlo, el nuevo párroco diocesano tampoco habla náhuatl, pero no hay que perder la esperanza porque la diócesis de Huejutla tiene sacerdotes autóctonos nacidos y educados en la cultura náhuatl, en algún momento, más de alguno de ellos atenderá a su propia gente y en su propia lengua, porque la población, en su mayoría, se sigue comunicando sólo en esta lengua.
Algo también importante que la gente recordó durante la entrega de la parroquia es que los xaverainos no sólo trabajaron para el progreso espiritual, sino también por el desarrollo de la comunidad: la electrificación y el agua potable, así mismo durante mucho tiempo se tuvo un dispensario que proveía de medicinas a los enfermos, incluso se llegó a tener un médico a disposición, todo ello antes de que el gobierno construyera el centro de salud. Para ayudar a la gente más necesitada se vendían en la parroquia productos de primera necesidad a bajo costo.
El señor obispo y una representante de la comunidad dirigieron a los xaverianos unas palabras muy elocuentes, reconociendo a los misioneros como "unos seres humanos maravillosos, los admiramos porque ustedes, que han vivido en nuestro hermoso pueblo, muchos dejaron su país, su cultura, su familia para llegar a otro mundo totalmente diferente, aprendieron nuestro idioma, nuestra cultura y nuestras tradiciones". Con un aplauso muy fuerte y muchos abrazos afectuosos terminó la misa. Después todo el pueblo se sentó a compartir los alimentos.
Un gracias infinito a la gente de Santa Cruz y a los obispos de la diócesis por habernos dado un lugar en estas tierras para poner nuestro granito de arena en la evangelización de estos pueblos. Tlazcamati miac.







