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P. Alberto M. Reyes

P. Umberto Mauro Marsich: 50 años de vida sacerdotal

El padre Umberto Mauro Marsich nació en lo que hoy es Eslovenia el 5 de enero de 1944. Cuando tenía dos años de edad sus padres se mudaron a Cesena, Italia, pero las circunstancias históricas lo obligaron a ir y venir a Eslovenia. Debido a que su padre no aceptó la ideología fascista no le era fácil encontrar trabajo, por ello el padre Marsich tuvo que estudiar en un internado de beneficencia.

Su vocación sacerdotal nació en el internado donde se encontraba estudiando ya que los responsables eran dos sacerdotes diocesanos. Así fue como entró al seminario de Cesena hasta que conoció a los misioneros xaverianos.

Fue ordenado sacerdote el 26 de septiembre de 1971. Después prestó algunos servicios en Italia como animador misionero y en la pastoral. Fue destinado a México en noviembre de 1975. Entre los que se ordenaron con el padre Marsich se encuentra el padre José Rosti.

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Al llegar a México se fue a Guadalajara para aprender el español y unos meses después fue enviado a la nueva misión de Santa Cruz, en la diócesis de Huejutla, Hgo. Ahí aprendió el Náhuatl para poder realizar su trabajo pastoral, pero lo que marcó su presencia en ese lugar fue la composición de cantos en náhuatl que desde entonces se interpretan en las misas y en la catequesis, a él le debemos el canto del Padre Nuestro, el Ave María y el Quenijqui motocan (cómo te llamas).

Además de músico, el padre Marsich también se ha dedicado a la enseñanza de la Teología moral en diferentes seminarios como en Querétaro, Ciudad de México, Cuernavaca, y de sus muchas reflexiones se han publicado diferentes libros de moral, ética y bioética.

La mayor parte de su ministerio sacerdotal la ha vivido en San Juan del Río, Qro., donde fue maestro y director del Colegio Centro Unión por varios años, así como su ministerio sacerdotal en algunas comunidades como El Jazmín, Bordo Blanco donde ayudó a construir la iglesia y en otras comunidades pertenecientes a Tequisquiapan. También ha dedicado mucho tiempo al acompañamiento de grupos matrimoniales en San Juan del Río, una actividad que había sido iniciada por el padre Arnaldo Rigodanza, que en paz descanse.

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El padre nos recuerda que en estos 50años de sacerdocio ha vivido tres grandes etapas, la primera como animador misionero en Italia al inicio de su sacerdocio; la segunda fue su estancia entre los indígenas de Santa Cruz y la tercera fue su etapa en el magisterio. Todo ello lo ha llevado a conocer más a Dios y a su prójimo.

Por último, el padre Umberto nos recuerda que servir a Dios vale la pena y nos invita a no tener miedo a responderle en cualquier parte donde nos encontremos, Dios nos necesita a todos para llevar su Evangelio a toda creatura.

En estos 50 de sacerdocio le deseamos al padre Marsich aún mucho fruto.

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