
“Bienaventurados…”: un camino revolucionario hacia la felicidad
Las lecturas de este domingo nos presentan una enseñanza fundamental sobre la vida cristiana: la bienaventuranza de quienes confían en el Señor y la advertencia para aquellos que ponen su seguridad en el mundo. Las lecturas nos invitan a examinar en qué o en quién estamos depositando nuestra confianza y qué camino estamos siguiendo en nuestra vida para llegar a la felicidad anhelada.
En la primera lectura, tomada del libro de Jeremías (Jer 17,5-8), el profeta nos plantea dos caminos: el del hombre que confía en sí mismo y en los bienes materiales, y el del que confía en el Señor. San Pablo, en la segunda lectura (1 Cor 15,12.16-20), nos recuerda la esencia de nuestra fe: la resurrección de Cristo. Nuestra confianza en Dios no es solo para esta vida terrena, sino para la eternidad. Si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe. Pero Él ha vencido a la muerte, y esto nos da una esperanza firme. No estamos llamados a vivir solo para el presente, ni buscar una felicidad solo de tiempo presente, si no estamos llamados a vivir con la certeza de que Dios nos ha preparado una vida plena en él.
Finalmente, en el Evangelio de Lucas (Lc 6,17.20-26) Jesús nos presenta ese camino de felicidad llamado, las bienaventuranzas. Jesús ha vivido 30 años en medio de su pueblo, Jesús ve en el corazón de las personas sus grandes anhelos y deseos. Al iniciar su ministerio, quiere dar un mensaje por demás positivo, ilusionante, esperanzador, y no solo para los fieles judíos, sino para todos, ante él hay una multitud venida de Judea y Jerusalén, de la costa de Tiro y Sidón. Y el punto de partida de su mensaje lo basa en ese profundo deseo de felicidad que todos llevamos dentro. Jesús se da cuenta de que muchos de sus paisanos no eran felices, reconoce que su misión consiste en darle nuevamente a la humanidad aquella felicidad original, al momento de la creación, cuando Dios creo al hombre y lo puso en el llamado paraíso, cuando su mundo de relaciones estaba caracterizado por el amor y no por el egoísmo, cuando Dios y el otro formaban parte de su finalidad última y de su razón de vivir, es decir cuando el hombre vivía de una felicidad plena.
Ante esta multitud, Jesús propone las Bienaventuranzas, les propone un camino de felicidad y les invita a seguirlo. Las Bienaventuranzas, por una parte, son la meta a alcanzar para el seguidor de Jesús y, por otra, la actitud para recorrer el camino para lograrlo. Pudiéramos decir, en términos modernos, las Bienaventuranzas son «como el navegador para nuestra vida cristiana». El Papa Francisco define las bienaventuranzas como la “carta de identidad” del cristiano, porque describen el rostro y el estilo de vida de Jesús.
Hermanos, hoy en día, como en los tiempos de Jesús, el mundo necesita de nuevo repensar sobre la felicidad; a pesar de ser una sociedad de hombres tecnológicamente avanzados, somos una sociedad donde la felicidad brilla por su ausencia. Existen indicadores que nos hablan de un «malestar», de que somos pocos felices. Nuestra civilización de la abundancia nos ha ofrecido medios de vida, pero no razones para vivir, para trabajar, luchar, gozar, sufrir y esperar. Hay poca gente feliz. Hemos aprendido muchas cosas, pero no sabemos ser felices. Los índices de suicidios son altísimos, la gente viviendo en depresión, la violencia, el enojo, el coraje, el resentimiento y tantas otras cosas llenan los corazones de millones de personas en el mundo.
Hoy, pues, Jesús, como en su tiempo, nos quiere presentar una propuesta por demás perturbadora y revolucionaria, sobre todo para el hombre de hoy: Bienaventurados los pobres, los que ahora lloran, los que son perseguidos… Se trata de una propuesta en total oposición, con lo que se considera política y socialmente correcta. Es un camino diferente para alcanzar la felicidad. Es un proyecto de vida que tiene como eje los valores profundos del ser y del servicio, y que utiliza los bienes materiales tanto cuanto se necesiten para llevar una vida digna. Jesús pretende que todos los hombres - y de manera especial los que nos llamamos discípulos suyos- vivamos de una manera nueva y provocativa, alternativa, modelada por valores diferentes: compasión, defensa de los últimos, servicio a los desvalidos, acogida incondicional, lucha por la dignidad de todo ser humano, lucha por la justicia, defensa de la naturaleza, cuidado del medio ambiente….
Hermanos, hermanas, preguntémonos, y, ¿si Jesús tuviera razón al presentarnos este proyecto? No sé cuánto más durará esto, en pocos años, nuestro modelo de vida nos podría llevar a la ruina. ¿Pudiéramos, hermanos, imaginar una sociedad diferente, cuyo ideal no sea el desarrollo material sin fin, un consumismo que nos está consumiendo a todos y lo consume todo... pudiéramos imaginar más bien la satisfacción de las necesidades vitales de todos? Una solidaridad común y total, según el evangelio ¿No seremos más felices cuando aprendamos a necesitar menos y a compartir más? ¿Qué dices, hermano, hermana? Jesús inicia su misión y nos pide seguirle asumiendo este estilo de vida. La página de hoy también contiene las anti-Bienaventuranzas, las cuales, como hemos visto, nos hacen seguir un camino equivocado, aunque muy vigente en nuestra sociedad.
Que la palabra de este domingo nos inspire a seguir profundizando en la búsqueda incesante de referentes en medio de la incertidumbre en que vivimos, y nos ayuden a buscar la felicidad a través de los valores sólidos y no en el modelo líquido que nos ofrece la sociedad de consumo. Sigamos adelante en nuestra vida cristiana y asumamos poco a poco el estilo de vida que Jesús nos propone, recordando que el camino de la felicidad comienza contra corriente, y que el Reino de Dios es de los que luchan. (Cfr. Mat 11,12)
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx
Misionero Xaveriano

