
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, el evangelio de este domingo (Mc 8,27-35) nos plantea una pregunta central, fundamental en nuestra vida como discípulos. Ciertamente todos nosotros, desde hace tiempo, hemos compartido camino con Jesús; como los discípulos; lo hemos escuchado predicar el Reino de Dios, lo hemos visto hacer señales prodigiosas, que son señales de la llegada de su Reino, lo hemos acompañado en sus disputas y discusiones con escribas y fariseos, nos hemos entusiasmado ante su propuesta de vida o incluso cuestionado sobre su factibilidad, en fin, hemos compartido su caminar. Pues ahora, en este domingo, a nosotros que andamos “por el camino” junto con él, se nos invita a reafirmar nuestra postura y verificar la verdad de nuestra fe. ¿Quién es Jesús para mí? Es la invitación a una toma de postura estrictamente personal y comprometida. Es importante que nuestra respuesta no sea solo teórica, de palabras, según el catecismo o la fe de mis abuelos, sino una respuesta existencial. Es necesario que sea una respuesta de fe, pero de una “fe viva”; la segunda lectura (Santiago 2,14-18) me hace pensar a ese deseo divino de San Guido Maria Conforti que quería que sus misioneros se caracterizaran por una “fe viva”, que para el apóstol Santiago es una fe “que se traduce en obras”, es decir aquellas acciones que demuestran que Cristo y su espíritu actúa en mí. ¿Jesús es realmente mi Señor? ¿Él rige, como tal, mis decisiones y mis actos? ¿Es el criterio último y definitivo de mis decisiones éticas?
Recordemos que Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos andando “por el camino”. Como Pedro estamos llamados ciertamente a afirmar: “Tú eres el Mesías”. Pero no se nos plantea la pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad, sino también para que revisemos nuestra relación con él, nuestro conocimiento sobre él y lo que implica su mesianismo en nuestra vida ordinaria. Pedro ha dado una «definición» correcta sobre Jesús, sí. Pero el contenido de su respuesta, lo que se esconde detrás de sus palabras... está bastante lejos de los planes de Jesús, como hemos visto en el evangelio, incluso, la mala comprensión de Pedro provoca en Jesús ese rechazo y esa afirmación tajante: Pedro, “ponte detrás de mí, porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”. Que importante mantenernos en el camino con Jesús y aprender de él, verificar nuestra fe y seguir adelante. Hermanos y hermanas, en nuestra vida de discípulos de Jesús existe siempre el peligro de no captar el auténtico proyecto del Reino, la identidad de Jesús de Nazareth... y sin embargo estar convencidos de que estamos en la verdad. Como Pedro, podemos caer en el riesgo de ponernos delante de Jesús y querer vivir la fe desde nuestros criterios, desde nuestros propios modelos.
“Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera…”. “Es necesario” hermanos que nos abramos al proyecto de Dios, así como Jesús nos lo presenta, con ese escandalo que significa la cruz, que significa el sufrimiento y el fracaso. Estamos tan acostumbrados a las formulas de éxito, a “definir” la salvación desde la lógica del triunfo, a esperar “un mundo rosa” o como dice Jesús “a juzgar según los hombres y no según Dios”. Jesús nos habla de la cruz, de una salvación que pasa por el sufrimiento, del amor que se da, que se entrega; de poner la otra mejilla a quien te golpea, de amar a los enemigos, incluso de morir para que el otro tenga vida. En verdad que nuestros pensamientos están tan lejos del proyecto de Dios, basta recordar lo que en esta semana se discutió entre muchos cristianos ante la problemática de la dignidad de la mujer y la cuestión del aborto. Así es, es la perspectiva del sufrimiento la que parece insoportable a Pedro, como lo es, quizá, para nosotros. Jesús no viene a explicar el sufrimiento, sino a revelar que todo sufrimiento asumido, aceptado, puede convertirse en ofrenda, en fuente de vida, y que nada, incluso nuestro sufrimiento puede poner freno al plan de Dios.
“Es necesario” hermanos que continuemos en el camino con Jesús y aprendamos la profundidad de su enseñanza y de su seguimiento. Aún si, como Pedro podemos decir claramente “tú eres el Mesías”, aún si somos “buenos cristianos”, es necesario seguir adelante creciendo y purificando nuestra vida cristiana, pero a la luz de la Cruz. “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga”. ¡He ahí la invitación de este domingo! Jesús no obliga a nadie; él sigue imperturbable su camino hacia la cruz. Si alguien quiere estar verdaderamente con él, no perderlo como centro de su propia vida, no privarse nunca de su palabra y de su amor, deberá pues seguirlo por este “su” camino. Para ello es necesario hacer tres cosas: negarse a uno mismo, cargar con la cruz y seguirle a él. El primer paso, en realidad, es el más difícil; los otros dos son mera consecuencia. “Negarse a uno mismo” para que el otro tenga vida, negarse a sus proyectos y a sus sueños con tal de seguir a Jesús el autor de la vida. Jesús nos invita a no detenernos y seguir caminando con él. El camino es aún largo para llegar a una fe viva, donde las obras que la manifiestan sean obras de vida. Todos nosotros, hermanos y hermanas necesitamos seguir caminando con Jesús y llevar a la humanidad entera al conocimiento de su proyecto de amor. Dios nos ayude a permanecer siempre ilusionados y dispuestos a seguir aprendiendo y madurando a la luz de Cristo y su proyecto del Reino. “Es necesario” estar convencidos de que hoy más que nunca necesitamos testimoniar nuestra fe, nuestro camino detrás de Jesús... porque él no sobra en este siglo XXI, su Reino de vida es lo único que nos puede salvar de un camino de muerte.
Hermanos, hermanas, Jesús espera nuestra respuesta y la voluntad de seguirlo en ese “su camino”, ¿cuál es nuestra respuesta? ¿Cuál es tu respuesta?

