Estimados todos, en ocasión de la Novena de la Gracia, recordando la canonización de San Francisco Xavier (12/03/1622), con mucho gusto comparto con todos ustedes, una de las experiencias más significativas de mi vida.
Hace casi 40 años, mientras estaba en Bangladesh, tuve la grande oportunidad y alegría de poder visitar en la India la ciudad de Goa, lugar donde tuvo inicio la audaz aventura evangelizadora de San Francisco Xavier en Asia. Esta ciudad guarda celosamente sus restos en un mausoleo especialmente construido dentro de una grande Iglesia, la Basílica del Buen Jesús, para que ahí descansen en paz y reciban la veneración y el reconocimiento de todos los que hoy se consideran herederos del evangelio que él anuncio, y de todos los peregrinos que quieran aprender a compartir su fe.
Era diciembre de 1986, un año especial en mi vida, cuando me encontré con Xavier en ese puerto -Goa- que lo recibió y le sirvió de base para propagar con ardor incontenible su fe en Jesucristo y en su evangelio. Los lugareños de Goa lo recuerdan vivamente a pesar de los siglos transcurridos, pues en la mentalidad de estos pueblos la historia es como un eterno presente... Están orgullosos de haber sido evangelizados por un apóstol tan hombre lleno de amor a Jesucristo, al evangelio; por un apóstol tan hombre de oración, de sacrificio, todo para todos, con un corazón entregado sin límites...
A este hombre con fuego de apóstol en su pecho y en sus palabras quería yo encontrar de cerca yendo a Goa. Yo me encontraba en un momento especial de mi vida, en el que mi crecimiento personal y como misionero me pedían dar un paso definitivo de consolidación y maduración. Ante la presencia de Xavier, Patrono que el Fundador San Guido M. Conforti nos dio, quise afrontar este momento de mi vida de forma que, acompañado por su ejemplo, su intercesión y su sueño de apóstol para Asia, se reconstituyera y madurase mi fe y consagración para la misión.
Recuerdo que permanecí junto a los restos de Xavier todo un día, como una jornada de contemplación viva del hombre todo de Dios, todo para los demás, todo de sí mismo... Releí bajo su inspiración las Constituciones xaverianas y me reapropié el espíritu que contienen sus capítulos, y juré de nuevo ante Dios seguir el plan de vida que Él me proponía en esas palabras de las Constituciones, que en su raíz más honda vienen del Fundador.
El día se fue muy rápido y yo contaba sólo con un día para este encuentro. Me alojaba en una casa inmediatamente al lado de la Iglesia que resguarda los restos de Xavier. Me atendieron muy fraternalmente. Pude conocer por experiencia el fundamento “xaveriano” de su fe. Este día es uno de los días más grandes de mi vida.
Creo que admirar y disfrutar hoy la santidad de nuestro Padre y Fundador, Guido M. Conforti, más que llevarnos a dejar de lado la figura y ejemplo de Xavier, nos invita a buscarlo, conocerlo y aprender de él a ser apóstoles. Nuestro Fundador, desde que era adolescente se encontró con él leyendo su biografía y quedó impresionado para siempre, de forma que Xavier se convirtió en el modelo de su vida misionera
Para ser xaveriano, este es un paso que se tiene que dar: encontrarse con Francisco Xavier y conocerlo a fondo para seguir sus huellas de apóstol y de seguidor de Jesucristo, a quien él también conoció ante un Crucifijo durante los ejercicios espirituales que cambiaron su vida, hasta indicarlo como Patrono a la Familia misionera que él fundó.
Deseo de todo corazón que un día, todos en la Familia Carismática Xaveriana, podamos vivir o revivir, de alguna manera, este encuentro con Xavier, de forma que los pobres, los abandonados, los débiles, los que no conocen a Cristo... tengan en cada uno de nosotros -como lo tuvieron en Xavier- a su mejor amigo, su única ayuda y el mejor testigo que les hable de Jesucristo y les haga conocer el amor de Dios.
Con mi estima y oración,
P. Juan Antonio Flores Osuna, s.x.



