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P. Antonio Flores Osuna

50 años de consagración ad gentes, ad extra y ad vitam

Hace 50 años concluía el primer noviciado en la Región de México: de once que iniciamos, ocho hicimos la primera profesión y cinco recibimos el Orden sacerdotal. Desde distintas trincheras, tres seguimos compartiendo, con toda la Familia carismática xaveriana, el envío del Señor Jesús ad gentes, ad extra y ad vitam. Estos tres somos: José de Jesús Romero Vera, Gerardo Custodio López y Juan Antonio Flores Osuna.

En mi caso, todo empezó a partir de un deseo intenso, claro e irreprimible, de conocer más y mejor a nuestro Señor Jesucristo. Durante mi noviciado, descubrí con grande complacencia que la fuente más rica y dinámica que ha nutrido y madurado la santidad y misionariedad de San Guido María Conforti, era, precisamente, Jesucristo mismo, el enviado del Padre. Y esto me llenó de mucha serenidad, aliento y alegría.

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La inquietud por conocer siempre más a Jesucristo se ha mantenido en mi como una curiositas nunca satisfecha del todo, que mantiene viva esta pasión a lo largo de mi vida y en todas las misiones que se me han confiado. Con humilde reconocimiento, agradezco a Dios que esta aspiración se ha mantenido ardiente aún en medio de grandes retos, extravíos, fragilidad e inconsistencias... y uno que otro logro... fruto de su gracia en mí.

¡Cómo han pasado los años! Pero el tiempo no ha conseguido que pase lo nuestro, Señor. “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90).

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Estos 50 años de profesión religiosa me hacen pensar que el humus mexicano ha sido y es muy fecundo para que el carisma xaveriano se encepe y arraigue en nuestra tierra y cultura y produzca frutos para el anuncio del Reino de Dios entre los no cristianos en el mundo. En 1973 concluía el primer noviciado xaveriano en tierras mexicanas y de esta fecha hasta el día de hoy, son muchos los que han permitido que el carisma xaveriano toque sus corazones con su espiritualidad y misión ad gentes (dedicados para el anuncio del Evangelio entre los no cristianos), ad extra (fuera del propio país, lengua y cultura), y ad vitam (por toda la vida y con toda la vida). Los muchos que hemos experimentado la fuerza de este carisma estamos dispersos en muy distintos caminos, misiones, responsabilidades y compromisos de vida... todos siempre con el “picor” de la xaverianidad en nuestras vidas.

Cada uno de los que celebramos este aniversario, tenemos nuestra propia historia y cabe recordar que las historias personales no son siempre lineales, rectas, dirigidas siempre por el objetivo-sueño original... sino que también suceden extravíos, ocasionales pérdidas de brújula, la experiencia de la propia fragilidad y pecado. Es parte de la vida contar con cansancios y agotamientos que a veces nublan el camino de la consagración. La vida es así: mezcla inevitablemente luces y sombras, momentos emocionantes y otros agotadores, grandes alegrías y fuertes dudas, desilusiones, desencantos... Pero sabemos que las historias de Dios siempre tienen finales felices. Y, así, celebramos felizmente que Dios ha caminado a nuestro lado, siempre rescatando, iluminando, combatiendo con nosotros para que la perseverancia se imponga como canto final, de manera que podamos decir: Oh Dios, [no obstante todo] tus caminos son santos, ¿Qué Dios es tan grande como nuestro Dios? (Salmo 77, 13).

Renovemos cada día la adhesión a la espiritualidad y misión que un día llenó de luz y genuino entusiasmo nuestros corazones. ¡Bendiciones!