En primer lugar, queremos rendir homenaje a la historia del catolicismo en Japón, donde las antiguas religiones del sintoísmo y el budismo están profundamente arraigadas en la vida cotidiana como costumbres y acontecimientos, y donde nació la primera misión de San Francisco Xavier en 1549. Una vez más, estamos profundamente agradecidos por cómo los misioneros han afrontado y soportado las dificultades materiales y espirituales, aprendiendo la difícil lengua japonesa, respetando la cultura japonesa, comprendiendo e integrándose con las muchas diferencias, y profundizando la comunión con los fieles y con muchas otras personas de Japón.
La población católica en Japón es una ínfima minoría de la sociedad, que representa alrededor del 0,34% de la población, y el número absoluto de creyentes está disminuyendo, al igual que la población, y la situación actual es la de una crisis demográfica: descenso de la natalidad y envejecimiento de la población.
Como el número de vocaciones en Japón sigue disminuyendo, esperamos sinceramente que puedan enviar sacerdotes Misioneros Xaverianos a la misión en Japón y ayudarnos a reforzar nuestro compromiso pastoral y la evangelización.
Junto con los misioneros que viven la espiritualidad de la Misión como Xaverianos, deseamos colaborar en la misión evangélica como miembros de una familia que vive el carisma de la Misión de los xaverianos, misión que ha sido confiada también a los laicos. Asimismo, deseamos ver en Japón el inicio de las actividades de la Familia Carismática de los Misioneros Xaverianos, colaborar con los misioneros, apoyar con la oración sus actividades concretas y llevar a cabo el “Servicio del Amor” y el mandamiento del Amor.
En un momento de grave crisis demográfica y de tendencia a favorecer cada vez más el individualismo, creemos necesario investigar y abordar las necesidades de la labor misionera de acuerdo con los tiempos actuales.
En Japón, donde los matrimonios entre católicos son escasos, es difícil proteger y mantener la gracia de la fe. Por eso, por ejemplo, nos gustaría que trabajaran en la iglesia no sólo por el “matrimonio”, sino también en el apoyo y ayuda a la misión en la familia y la cooperación en la misión de ayudar a las personas a familiarizarse con el cristianismo, en una relación continua que se extienda después del matrimonio, como una de las tareas de la misión evangélica.
Creemos que hay necesidad de solidez y formación permanente en la fe (acompañamiento) después del bautismo o después de haber recibido la confirmación.
En el caso de los creyentes que no tienen familiares o amigos creyentes y solamente ellos lo son, se dan muchos casos en los que personas que han sido bautizadas y confirmadas de adultas pierden la oportunidad de alimentar su fe y poco a poco dejan de acudir a la iglesia.
Pensamos que, trabajando juntos, Misioneros Xaverianos y laicos, podemos ayudarnos en el crecimiento y la orientación de la fe de los cristianos, especialmente intentando reencontrar a los jóvenes e ir hacia aquellos que no son cristianos.



