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P. Rafael Aguilar Flores sx

Nuestra Madre misionera

Durante el tiempo de Adviento la liturgia nos regala varias figuras que nos ayudan y acompañan en la preparación a la venida del Salvador. Es en el marco de este periodo de esperanza en el que la Virgen de Guadalupe ha querido manifestarse como nuestra Mamá, para traernos a su Hijo el verdadero Dios por quien se vive.

Hoy recordamos que ella nos trae el mensaje de salvación y el deseo de la unidad del pueblo de México, ese mismo sueño de Jesús: "Que todos seamos uno hijos de un mismo Papá" (Jn 17, 21). El mismo lema que como familia xaveriana llevamos impregnado en nuestro carisma: "Hacer del mundo una sola familia en Cristo". 

El milagro de Guadalupe está más allá del Templo costruido en su honor y de la imágen plasmada en el Ayate de San Juan Diego, pues trasciende lo material y pasajero para expresarse en el Pueblo de México, un Pueblo que diez años después de su conquista se encontraba en división y confusión. La Virgen de Gudalupe no pertenece sólo a la Iglesia Católica, es un regalo cultural de Dios para toda la humanidad, su milagro se revive cada 12 de diciembre cuando cada mexicano puede experimentar una identidad particular que lo distingue de todos los otros pueblos. 

La elegida del Señor es la más humilde y servicial de las mujeres, pues estando embarazada ayuda a su prima también embarazada (Lc 1, 39-48), no se encierra en sí misma sino que abre su corazón a las necesidades de los demás. Ella es nuestra madre misionera, enviada por Dios para traernos la paz y la unidad, para recordarnos que no estamos solos ante las dificultades de la vida. 

Vivamos con fe este gran regalo de Dios, aceptando en nuestra vida la intercesión de nuestra madre que nos dice: ¡No se inquiete tu corazón, aquí estoy yo contigo porque soy tu mamá!