En estos tiempos de crisis, a mucha gente le viene la desesperación. Y no es para menos. Sin embargo, nunca hay que perder la esperanza, pues como dice el dicho “la esperanza muere al último".
Lo que a continuación les comparto es una historia de restauranteros, pequeños o grandes, pero todos buscan ganarse la vida honestamente. Una de las tristes experiencias por las que pasan es cuando algún o algunos clientes se van sin pagar, por diferentes motivos. Sin duda esto no es nada grato.
Hoy me encontré con una noticia en internet en la que se informa que, en el 2010, una señora entró a un restaurante de Kebab en una ciudad de Francia llamada Mulhouse. Comió ella y sus cuatro hijos, luego salieron sin pagar la cuenta. No me imagino cómo pudieron huir todos sin que el propietario no los alcanzara.
Pero resulta que el domingo pasado, 26 de julio de 2020, la propietaria del restaurante, Guney Cokkaya, recibió una carta anónima, al abrirla encontró 50 euros con la siguiente nota: “Hola señor propietario de la Bosphore. Le entrego esta carta con 50 euros para devolverle su dinero. En el 2010, yo comí con mis cuatro hijos. Me acababa de divorciar, la situación era desesperada y me fui sin pagar. Recientemente me acordé de esta historia. Espero que usted me perdonará por eso, que Alá le conceda éxito en su vida aquí en la tierra y en el más allá lo libre del castigo del infierno. Perdóneme, sinceramente lo lamento”.
En aquel entonces la ahora propietaria, Guney, sólo tenía trece años, su papá era el dueño del lugar, que de hecho dice que ni siquiera se acuerda de la señora y de sus cuatro hijos.
Ante esta historia Cokkaya dice que la lección más bella es “no hay que juzgar a la gente tan rápido”. Siendo así, que cada uno saque sus conclusiones. Tal vez nunca sabremos quien es esa señora, pero sí nos queda claro que después de 20 años pagó su deuda.
Mi conclusión personal es que nunca es tarde para redimirse ni ante Dios ni ante los hombres.
He aquí la carta original que anteriormente hemos traducido:
