Iniciamos el tiempo de Adviento, Ciclo A del tiempo litúrgico. La Palabra de Dios nos invita una vez más a rehacer nuestra vida, dejar el mal y hacer el bien. Una de las invitaciones del profeta Isaías es que las lanzas se convientan en podaderas y que nadie más se prepare para la guerra.
Por otra parte san Pablo nos dice: nada de lujurias ni desenfrenos, nada de riñas ni envidias. Mientras que Jesús en el Evangelio nos invita a estar en vela, a estar preparados porque a la hora en que menos lo pensemos vendrá el Hijo del Hombre.
El Adviento pues, no se trata de tiempo de compras y adornos superficiales, sino de despojarnos del ruido y del consumismo que nos alejan de la gracia de Dios y nos impiden recibirlo en cada momento que viene a visitarnos.
Preparemos por tanto nuestro corazón para poder recibirlo dignamente.
Buen inicio a todos y que Dios nos encuentre preparados a su venida.