Hemos llegado al final del año 2022. Todo es gracia. Nada de lo que aconteció en este año que termina estuvo fuera de la mirada amorosa de Dios.
Como dice la liturgia de Pascua: Dios es: “Alfa y Omega, principio y fin; suyo es el tiempo y la eternidad”. Por ello tenemos la dicha de terminar este año con muchos sentimientos de alegría por lo que pudimos lograr, por las maravillas que pudimos contemplar, por la salud y el trabajo, pero sobre todo por las personas que se cruzaron en nuestro camino para recorrer juntos esta existencia que nos ha dado el Creador.
Pero, sin duda, también hay sentimientos de tristeza por los fracasos de todo tipo, por la enfermedad, por nuestras desilusiones, por las personas que Dios llamó a su presencia, por los pecados que no nos permitieron ser buenos ciudadanos ni hijos de Dios, por la violencia que parece no tener fin en nuestro país.
Sin embargo, Jesús nos asegura que “ni un solo cabello cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo” (Mt 10,29). Por eso si estamos aquí en este fin de año es para agradecer la protección de Dios, hemos llegado al final de este 2022 porque Él así lo ha querido.
Que no pase pues este fin de año sin agradecerle a Dios por todo lo que nos ha dado, debemos dedicar un momento de oración a Aquel que nos regaló 365 días y que se haga su voluntad en todo momento.