Cuando en 1985 tuve el primer contacto con los Misioneros Xaverianos, lo que más me llamó la atención fue el carisma de su fundador, el Obispo de Parma, ahora, San Guido Maria Conforti. Esa pasión por el crucifijo y por darlo a conocer a los no cristianos, inherentes en el carisma de San Guido Maria Conforti, fueron las razones por las que en su momento decidí dedicar mi vida en la congregación de los Misioneros Xaverianos. Poco a poco fui conociendo la vida del Fundador, su carisma, sus escritos, las constituciones, la obra episcopal y misionera que me ayudaron a tomar las decisiones mas importantes en mi vida, sobre todo porque reforzaron la educación cristiana que había recibido en mi familia y que me movían a dedicar mi vida entera a la vida misionera.
Pasó el tiempo, conforme pasaban los años de formación religiosa y misionera, dedicado a discernir qué es lo que quería de mi vida y lo que Dios quería para mí; tomé, junto con mi director espiritual, la decisión de seguir, al servicio de Dios y del Evangelio, en la vida laical. Actualmente he formado mi familia y junto con mi esposa hemos optado por ser laicos misioneros xaverianos.
En esta ocasión, a los 100 años de la publicación de la Carta Testamento del fundador de los Misioneros Xaverianos, me permito expresar las resonancias que en mi vida ha tenido y las que pudieran tener en el futuro del Laicado Xaveriano en México y en el mundo. En efecto, la carta testamento, es la herencia más preciada que los hijos de San Guido hubiesen podido recibir de su Padre, siendo el testamento espiritual para sus hijos religiosos misioneros; no obstante, para mí, como laico xaveriano, constituye también esa herencia espiritual del carisma misionero que aplica en cualquier estado de vida, en cualquier circunstancia de opción de trabajo misionero y como fuente inspiradora de la vida cristiana, entendida como valor fundamental y opción de seguimiento del mensaje de Jesús en el evangelio.
Haciendo una reflexión de cómo impacta la Carta Testamento en mi vida y qué es lo que puede aportar a los laicos xaverianos, puedo hacer un extracto de los puntos más importantes y que se pueden aplicar a nuestra misión como cristianos que hemos hecho una opción del carisma misionero. Dice el Fundador, en su herencia espiritual, que “la vida apostólica unida a la profesión de los votos religiosos constituye de por sí cuanto, de más perfecto, según el evangelio se pueda concebir…” Esta frase es fundamental para sus hijos religiosos y la traslado a nosotros como laicos, como bautizados, donde la vida cristiana vivida intensamente unida a la vida apostólica que cada laico pudiera escoger, da como resultado la tarea de dar testimonio y ser portadores de la buena noticia; me siento comprometido a seguir en la preparación evangélica que me permita seguir descubriendo el ser y quehacer del cristiano; el estado perfecto del cristiano es acudir continuamente a la fuente: el Evangelio; la lectura, reflexión, profundización, puesta en oración y en práctica, nos permitirá ser fieles al mandato de Jesús: Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio. Cuando uno está consciente de esta misión, lo vuelve vida, es decir, todo lo que hace uno en el día a día se vuelve vida cristiana, pidiendo a Dios nos conceda “el espíritu de fe viva que nos haga ver a Dios, buscar a Dios, amar a Dios en todas las cosas”, esto es, permaneciendo en el estado en que fue llamado, busque compartir la riqueza del evangelio en su misma persona, en la familia, en el trabajo, en la sociedad y según la posibilidad del laico de viajar a aquellos que no han recibido el mensaje del Evangelio. Esto no se va a lograr si no se realizan experiencias personales ante el crucifijo y ante la eucaristía, que nos permitan tener el encuentro personal con Dios a través de la oración, las practicas de piedad, la devoción a la Virgen María, amando y ejerciendo las virtudes, siguiendo el ejemplo de tantas personas que han entendido qué es la vida cristiana, que la profesan y la ponen en practica en su vida diaria. Convencido de que todo lo que personalmente pueda obtener rezando, estudiando y reflexionando, no dará el fruto esperado si no es traducido en volcarse al prójimo, salir de nuestro egoísmo y pensar en los demás, efectivamente realizando las obras de caridad que el que está a nuestro alrededor necesita; esto además de llevarle un mensaje evangélico que lo anime y lo motive a hacer lo mismo por las personas que a él lo rodean. Dios nos conceda, como laicos xaverianos, hacer nuestro el carisma, que nos aumente la fe, para que en nuestra vida sea la completa transparencia de los valores evangélicos, humanos, espirituales y misioneros que nos fueron heredados de la vida de San Guido Maria Conforti y que junto con los misioneros xaverianos hagamos del mundo una sóla familia para que por todos sea conocido y amado nuestro señor Jesucristo.



