Autor: C.F. 2002 Brasil /
Nosotros somos parte de la tierra y la tierra es parte de nosotros.
Las flores perfumadas son nuestras hermanas, y los ríos son nuestros hermanos
El búfalo, el caballo, la gran águila, son nuestros hermanos.
Las crestas rocosas, los valles y campiñas, lo alto de la montaña y el ser humano, todos pertenecemos a la misma familia.
Esta agua brillante muriendo en los ríos relegados, no es sólo agua, es la sangre de nuestros antepasados.
El murmullo del agua es la voz de la madre, de mi madre.
Cada reflejo de agua limpia de los lagos cuenta la historia de la vida de mi pueblo.
Sabemos que el hombre blanco no entiende nuestro modo de vivir.
Para él, un pedazo de tierra es diferente del otro. Él es un forastero que llega en el silencio de la noche.
Él trata a su madre tierra y a su hermano cielo como cosas que pueden ser compradas, saqueadas, vendidas.
Su voracidad va arruinar la tierra dejando atrás sólo desierto.
De una cosa si estamos seguros: la tierra no pertenece al ser humano, es el ser humano que pertenece a la tierra.
Todas las cosas están conectadas con la sangre que une a una familia.
No fue el ser humano que tejió la trama de la vida. Es simplemente el hijo de esa tierra.
Y todo lo que el ser humano le haga, a sí mismo se lo está haciendo.
Enseña a tus hijos lo que les hemos enseñado a los nuestros: la tierra es nuestra madre. Todo lo que hiere a la tierra, hiere a los hijos de la tierra.
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