Skip to main content

Según la Biblia, ¿qué tema es importante para dialogar con los hijos? Acerquémonos a algunos pasajes en los que se nos narra la curiosidad de los hijos que preguntan al papá el porqué de ciertas acciones.

Esto puede suceder con los ritos en familia, tal y como lo vemos en el mandato de celebrar la Pascua año con año (cfr. Ex 12,24); el autor sabe que los hijos preguntarán el motivo por el cual se debe de celebrar y muestra cómo se debe de responder a los hijos (cfr. Ex 12,26-27).

Lo mismo sucede con los mandamientos, pues el libro del Deuteronomio (6,20) dice que «Tal vez un día tu hijo te pregunte: “¿Qué son estos preceptos, mandamientos y normas que Yahvé, nuestro Dios, les ha ordenado?”». En los versículos siguientes viene la respuesta que el padre debe de dar al hijo, haciéndole comprender por qué Dios ha determinado darles esos preceptos: cuando intervino para liberarlos de la esclavitud para conducirlos a la tierra prometida «Fue cuando Yahvé nos ordenó poner en práctica todos estos preceptos y temerle a Él, nuestro Dios, pues por ese camino nos iría bien y Él nos daría vida, como hoy es el caso».

El padre debe siempre estar dispuesto a responder al hijo sobre los temas religiosos, pero si el hijo no pregunta, también es deber del padre de hablarle de dichos temas como está estipulado en el “Shemá Israel” (Escucha Israel): «Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos…” (Dt 6,6-7; cfr. Sal 78,5).

En el diálogo con los hijos existe la corrección como signo del amor de los padres, pero san Pablo les aconseja que «no sean pesados (que no exasperen) a sus hijos, sino más bien edúquenlos usando las correcciones y advertencias que pueda inspirar el Señor» (Ef 6,4); no hacerlo es no amar a los hijos, tal y como nos dice el libro de los Proverbios (13,24), pues «¿qué hijo hay quien su padre no corrige?» pregunta el autor de la carta a los Hebreos (12,7).

En todo diálogo entre padres e hijos debe reinar el amor, aun cuando haya acciones malas.

Un gran ejemplo de diálogo entre padre e hijo lo tenemos en la parábola del padre bueno que tenía dos hijos (cfr. Lc 15,11-32); dicho padre escucha dos veces al hijo menor y le responde la primera vez cumpliéndole su deseo de darle lo que pedía, mientras que la segunda vez le responde con el perdón, lo recibe como al hijo que es, no como un esclavo – que es lo que le pedía el hijo – y hace fiesta por volverlo a tener con él. Mientras que el diálogo con el hijo mayor es para ayudarlo a aceptar a su hermano y festejar su regreso.

La respuesta de los hijos debe de ser la obediencia al cuarto mandamiento que «va acompañado de una promesa: para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra» (Ef 6,2).