Cuenta una historia que un día mientras un rey paseaba por el campo con algunos de los nobles del reino, se les acercó un monje diciéndoles que al que le diera una moneda de oro le daría un buen consejo. El rey para satisfacer su curiosidad ordenó que dieran la moneda al monje, esperando escuchar algo extraordinario. El monje le dijo: Nunca comiences algo sin que antes hayas reflexionado cuál será su final. Los presentes estallaron en carcajadas, viendo como el monje había sido muy listo al pedir la moneda por adelantado. Pero el rey comentó: no tienen motivo para reírse, lo que acaban de escuchar es muy cierto, pues muchas veces por no tomarnos tiempo para reflexionar antes de actuar, llegamos a cometer errores que perjudican nuestra vida. El rey para no olvidar el consejo lo mando grabar en todas las puertas del reino.
Años después, un noble que aspiraba al trono, sobornó al médico real para que matara al rey, prometiéndole que lo nombraría primer ministro. Cuando el médico entró a la recámara real, leyó el consejo que el rey había mandado grabar en las puertas y le entró miedo, pensando que quizás el noble no cumpliría su promesa, sino al contrario lo mandaría matar para no tener testigos. El rey viendo cómo temblaba el médico, le preguntó que le sucedía, y este confesó la verdad. Enseguida mando reunir a todas las personas que lo habían acompañado cuando el monje le dio el consejo y les dijo: todavía piensan que el consejo del monje no valía una moneda de oro.
Hay momentos en los cuáles no sabemos qué hacer ante los problemas que se nos presentan o qué rumbo darle a nuestra vida. Qué bueno fuera que tuviéramos una bola de cristal para conocer el futuro y saber qué es lo que tenemos que hacer. Desgraciadamente esto no sucede en la realidad, ya que si nosotros queremos saber qué podemos hacer, normalmente, tenemos que acudir a alguna persona que le tenemos confianza para que nos aconseje. Pero debemos caer en la cuenta que aconsejar a alguien no siempre es fácil, ya que dar consejos a la ligera, puede traer consecuencias negativas en la vida de la persona, por lo que es necesario tener tanta discreción para darlos como docilidad para recibirlos.
Si delante de los problemas cotidianos pedimos consejo, con mucha más razón tendríamos que pedir que nos aconsejen cuando tenemos que tomar la decisión de qué rumbo darle a nuestra vida, pues cuando uno piensa que todo lo sabe y no necesita de nadie, tarde o temprano se da cuenta que se necesita la ayuda de otros que han ya recorrido parte del camino, para que nos ayuden a ser conscientes de los peligros y nos animen a llegar con más seguridad.
Yo creo que el consejo que le da al monje al rey, nunca comiences algo sin que antes hayas reflexionado cuál será su final, sería bueno tomarlo en cuenta, pues de las decisiones que tomemos hoy, dependerá como viviremos mañana, lograremos nuestros sueños, o viviremos esperando un sueño que nunca llegó. Y sobre todo en los momentos importantes de nuestra vida, tendríamos que tomarnos el tiempo para reflexionar delante del Señor, para que nos ilumine, pero sabiendo que nosotros somos los responsables de nuestro propio futuro.



