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El padre José Rosti nació el 3 de abril de 1934 en Membrate, Italia. Desde muy joven no le gustaba mucho estudiar. Al final de primero de secundaria comenzó a trabajar. Aprendió a fabricar colchones y tapicería. A los catorce años ya tenía su propio taller. Trabajó hasta los veintisiete años, excepto el año y medio de servicio militar como granadero en Roma.

Durante su juventud solía comenzar su jornada de trabajo con la Eucaristía. Fue encargado de la catequesis y presidente de la Acción Católica. En ese tiempo deseaba que alguien lo animara vocacionalmente, pero nadie lo hacía, hasta que un día el padre Fontana fue a su parroquia; se encontraron y dialogaron. En quince días decidió su vocación. Cerró su negocio y se fue al seminario. Su papá le dijo: Si te vas ya no hay retorno. De esa manera llegó al seminario de Piacenza el 2 de octubre de 1962. Después de su ordenación los superiores rápidamente lo destinan a México llegando el 2 de agosto de 1972.

Recién llegado, le piden que se encargue de la economía cuando todavía estaba en construcción el seminario y el colegio de San Juan del Río. Luego fue enviado a Santa Cruz, Huejutla donde se encontraba ya el padre Aquiles iniciando lo que hoy es la parroquia, comenzando el trabajo pastoral y social de las comunidades indígenas. Posteriormente, es destinado a la comunidad de Salamanca, Gto., allí crea un catecismo y prepara catequistas. Nuevamente, por poco tiempo trabaja en San Juan del Río como ecónomo reestructurando el seminario.

Después va a Acoyotla para comenzar una nueva misión. Incansablemente trabaja en la construcción del curato, la telesecundaria, el procurar alimento para los pobres, la atención a los enfermos y cuidado pastoral de las comunidades. Agotado por el trabajo es destinado a la comunidad de Guadalajara donde actualmente reside.

Al igual que en las destinaciones anteriores, pero ya con una cierta edad y sabiduría, se ha entregado generosamente al acompañamiento espiritual de muchas personas, al cuidado de los enfermos, al servicio de los hermanos en la comunidad y el ministerio entre los presos especialmente a los que tienen alguna adicción y quieren superarse. Invitado por el señor Roberto comenzó a ir a la Penal. Ante esta realidad se preguntaron: ¿Qué podemos hacer? Viendo que entre los presos circulaban muchas revistas les vino la idea de juntar libros y crear una biblioteca. Después llevando la comunión a los enfermos descubren la precariedad de la enfermería y la renuevan.

En el trato con los internos descubren personas que desean superar sus problemas de adicción y se comprometen con la clínica de recuperación que los ayudan en su proceso. En el acompañamiento de recuperación se dan cuenta que no es suficiente la desintoxicación, es necesario el redescubrimiento de las personas y por lo tanto proyección concreta: aprender un nuevo oficio. Sistematizan una escuela de alta repostería. En todo este camino la familia del interno tiene que estar involucrada para apoyar el desarrollo y éxito del proceso. Un paso ulterior, al paso del tiempo, se dan cuenta que entre la salida de prisión y el regreso a su familia es necesario un punto intermedio que facilite dicha integración. Entonces se dan a la tarea de crear un centro que tenga esta función, al cual se le denomina: México me necesita. Así este lugar es como un rayo de esperanza en medio de un pueblo puesto de rodillas.