Si el nombre de Dios es misericordia, como dice el Papa, sus apellidos bien pueden ser los catorce modos que desde hace siglos propone la iglesia para vivir y practicar el amor de Dios: las obras de misericordia. Estos son testimonios reales de cómo se puede vivir el Año de la Misericordia.
Un señor inglés viendo a las personas que estaban en huesos, mal nutridos y semidesnudos en la casa de los moribundos en Calcula (India) y que eran asistidos por las hermanas de la caridad, dijo a su acompañante con verdadera sinceridad: Desearía estar peor vestido y peor alimentado. Este traje me quema.
Precisamente para despertar conciencias como la del señor inglés, la Iglesia católica celebrará el lunes 5 de septiembre del 2016 el Jubileo de los Voluntarios y Operadores de la Misericordia, un día después de la fiesta de la santa Teresa de Calcuta en el marco del año jubilar instituido por Francisco.
El Papa nos dice, que en este año se necesita armonizar el hacer con el ser, porque no basta con hacer obras de misericordia, sino hay que ser misericordiosos con los demás, además nos recuerda aquello que decía san Juan de la Cruz: En el ocaso de nuestras vidas, seremos juzgados en el amor.
El pontífice nos empuja, con sus gestos y palabras, a una caridad concreta, para continuar con este camino abierto, desde el Concilio Vaticano II, e iniciado por san Juan XXIII que decía: En nuestro tiempo, la esposa de Cristo (la iglesia) prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad… (MV, 4).
En este sentido, vestir al desnudo es una obra de misericordia primordial para sacar del ensimismamiento (pensar solo en sí mismo) a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque a quién mucho se le da, mucho se le exigirá (Lc 12, 48).
Esta obra de piedad inicia en los centros de recolección de ropa y en las Cáritas diocesanas. Cabe destacar que no se trata de dar de lo que nos sobra, es decir, ropa usada en mal estado o que nosotros mismos no usaríamos.
María del Carmen lleva quince años como voluntaria dando testimonio entre sus hijos y nietos, de la importancia de vestir al desnudo. Estas personas no tienen ni ropa ¡y son iguales que yo! ¿Qué he hecho yo para nacer en España y no en África? Nada. Entonces, ¿por qué puedo cambiar de ropa cuando quiera y ellos no tienen ni un suéter en invierno? Con la crisis, la gente trae menos ropa, aunque todos tenemos una prenda que casi no usamos y que alguien necesita. Y añade: Si no tuviera fe, quizá no estaría aquí, pero creo que vestir al desnudo es una obligación humana.
Si uno echa un vistazo a su armario puede que descubra un motivo para llevar la misericordia divina. Siempre hay en nuestro ropero alguna ropa que ya no usamos, que está en buenas condiciones y podemos obsequiársela a alguien que la necesita. Entonces el cuerpo de esa persona hablará a Dios de nosotros, de nuestra caridad, y Dios nos colmará de bendiciones. En la suciedad de la vestimenta, los zapatos rotos o la piel desnuda del prójimo que clama ayuda, no solo vestimos al desnudo, sino que revestimos a la persona con el valor humano que tiene como creatura de Dios.



