Teófilo nació en 1823 en Bélgica, en una familia marcada por un espíritu profundamente cristiano en la ciudad de Amberes. Él con su hermano gemelo eran cuarto y quinto de seis hijos. Su padre era un hombre de negocios trabajador y honesto. Su madre, era una mujer consciente, devota, educada y erudita de la cultura. Cuando el padre estaba ocupado, Catherine su madre, se hacia cargo de la educación de los niños, que con bondad y sencillez no dejaron de ser las marcas de la casa.
Teófilo era más práctico, más dinámico que su gemelo y también más explosivo. Estudiaron hasta los 7 años en casa con un tutor, después fueron al colegio de los jesuitas. Algunos años más tarde, los dos fueron al seminario diocesano de Malinas y estudiaron lenguas clásicas, latín y griego. Teófilo expresó su deseo de ser misionero pero renunció cuando la familia se opuso. Terminó su secundaria y luego decidió ser sacerdote en la diócesis. Su hermano optó por los estudios de derecho. Después de la filosofía en el seminario, Teófilo comenzó su teología en el seminario mayor de Mechelen. Fue ordenado sacerdote, el 18 de septiembre de 1847, por el Cardenal Sterckx.
El siglo XIX fue el gran siglo misionero de Europa, la celebración del tratado franco-británico con China y la fundación en Francia en 1839 por las obras de Propaganda Fidei y de la Santa Infancia en 1845, se extendió rápidamente en Bélgica; este clima afianzo al joven Teófilo cuando fue ordenado y comenzó su vida sacerdotal, inspirándolo en su sueño "misionero". Tuvo sus primeras tareas sacerdotales en el mismo seminario menor donde había estudiado y en 1853, Teófilo fue trasferido a Bruselas, la capital, como capellán de la escuela militar. Vivió en casa de su hermano gemelo, el abogado Edmund. Además de capellán, Teófilo fue director de las Hermanas de Notre Dame. Un encuentro en la capilla de las hermanas maduró su proyecto misionero y en 1860 fue nombrado Director Nacional de la Santa Infancia.
A finales de 1860, junto con Aloysius Van Segvelt, Verbist escribió al cardenal Mechelem en su celo misionero por China y éste le explicó que China estaba dividida en vicariatos, cada uno encargado a una congregación religiosa. Sería difícil de ejecutar su plan sin pertenecer a una congregación. Era claro que no iban a entrar en otra congregación, querían preservar su identidad de sacerdotes diocesanos. Teófilo presentó su proyecto a los obispos de Bélgica y ellos lo enviaron a la Sagrada Congregación para la Propagación de la Fe. El Vaticano aprobaría el proyecto a condición de que hubiera gente para asegurar la continuación de los trabajos de envío de los primeros misioneros. Que hubiera medios financieros para realizar el trabajo sin perjudicar los recursos de la obra de la Santa Infancia; y la creación de un instituto para convertir paganos y con el objetivo específico del establecimiento de un orfanato para niños abandonados. A finales de 1861 Verbist tuvo dos nuevos candidatos sacerdotes de su diócesis. En 1862 Teófilo conoció a Mons. Mouly, obispo vicentino Frances de Pekín quien le prometió un territorio en Mongolia. No se desanimó y comenzó a buscar una casa y los fondos para apoyar la nueva misión. Finalmente en 1864 llegó la carta donde se le asignaba el territorio de Mongolia para la nueva congregación. El 25 de octubre de 1864, Verbist y sus compañeros emitían votos en la capilla de Scheut, pero les tomaría otro año para recibir un pasaporte francés con el fin de entrar en China. Finalmente, en agosto de 1865, salieron de Bruselas en tren el primer grupo de misioneros; Verbist, Van Segvelt, Vranckx, Hamer y Splimgaert laico, llegando a China después de 103 días de viaje.
El Vicariato contaba con 7 sacerdotes chinos, hermanas que cuidan de un orfanato chino y muchas deudas. El comienzo fue difícil no sabían expresarse, a esto se sumaba el escaso número de sacerdotes y la inmensidad de la región, así como la salida de los sacerdotes vicentinos, la soledad, la dureza del clima, la inseguridad y la adaptación. Ni la llegada de la segunda caravana en 1866, resolvió el problema. A menos de 6 meses después de recibir estos refuerzos, el Padre Aloysius, primer compañero y amigo de Teófilo, murió de tifus. Tres meses después, el padre Teófilo no pudo superar el tifus y murió el 23 de febrero de 1868. Tenía sólo 27 meses en China.


