Autor: P. Gerardo Custodio L. /
Hace pocas semanas que la liturgia nos señaló el Bautismo de Jesús, como término de una etapa para dar inicio a otra. Treinta años en familia y tres en misión. La familia lo prepara a la misión. Este pasaje está marcado por el bautismo que recibe Jesús por parte de Juan, que desde tiempo antes, venía bautizando en el río Jordán a todos aquellos que, arrepentidos del tipo de vida que llevaban, querían hacer un cambio para bien. Jesús también se acerca y es bautizado.
Dentro de nuestros conceptos de bautismo, no había necesidad de que Jesús fuera bautizado. Las lecturas bíblicas nos ofrecen otros motivos, que ahora vamos a mencionar. Isaías 42, 1-7 habla del Siervo, del Elegido. En él ha sido puesto el Espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones. ¿Quién será este Elegido? ¿Qué misión va a realizar? No será un juez que grita y dictamina. Será un juez al estilo de Num 11, 24-30, donde el Espíritu se posa sobre 70 ancianos para profetizar, instruir, gobernar, orientar a la comunidad en la buena convivencia. El Elegido será luz de las naciones, abrirá los ojos del ciego y librará al cautivo.
Los Hechos 10, 34-38 nos dice que el Elegido es Jesús de Nazaret quién fue ungido por el Espíritu Santo y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos… Aquí el pasaje nos da una primera respuesta sobre quién es el Siervo y Elegido y a qué ha venido. Esta cita va confirmando la misión específica de aquel que es bautizado.
El evangelio va a acrecentar más datos sobre nuestras preguntas. Una vez que Juan bautiza a Jesús, Juan ve al Espíritu descender sobre Jesús… y una voz que dice: “Este es mi Hijo muy amado…” Jesús le había dicho a Juan: “es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Jesús es el Hijo amado y viene a proponer, como tarea a realizar, el cumplimiento del proyecto de Dios. Las lecturas, pues, ponen de manifiesto que Jesús es el Elegido y su misión es promover la justicia, es hacer el bien, es restablecer la caña resquebrajada y dar vida a la mecha que aún humea. Jesús, cuando se presenta en la sinagoga de su pueblo, al inicio de su ministerio, dirá: “el Espíritu del Señor está sobre mí, él me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).
Así como en Jesús, el bautismo nos da la identidad de Elegidos para proponer la justicia, hacer el bien y ser buena noticia para los desdichados, porque eso es lo que Dios quiere. Esto parece ser muy distinto a las explicaciones que se nos presentan del bautismo. Delante de la situación que vivimos en el país, ¿será que los bautizados-elegidos, tendremos alguna tarea especial?

