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Xaverianos

Hacia el Sínodo sobre la Familia

Extended family sitting outdoors smilingAutor: P. Umberto M. Marsich

Queremos dar una cierta continuidad, ahora, a esa ‘buena noticia’ del Sínodo sobre la familia, que tratamos ya en el número anterior de Misioneros Xaverianos. En efecto, nos interesa saber el ‘por qué’ de la elección del tema ‘familia’ y cómo será tratado en la asamblea sinodal.

 LA RAZÓN DEL TEMA

La razón de la elección del tema ‘familia’ la encontramos señalada en el documento preparatorio donde se reconoce el estado de crisis global del mundo contemporáneo: “La evidente crisis social y espiritual – se afirma en el documento- llega a ser un desafío pastoral”. Se trata, por cierto, de un extravío antropológico y ético global. La humanidad, en su conjunto, debido a procesos ideologizados de ‘secularización’, ha salido del camino tradicional. En efecto, no sabe ya ni siquiera qué es el ser humano, cuál su esencia y cuáles las razones de su existencia. Sumergida en un ‘pluralismo relativista’ sin límites de ideologías, filosofías y opiniones, la humanidad ya no logra mirar con seguridad ni certeza a sí misma; mejor, se calla y deja que cada quien piense a su manera. La cosa es que este extravío antropológico, luego, se repercute también acerca del ‘bien vivir’, o sea, de la conducta moral.

La pérdida de referentes antropológicos firmes y de orientaciones morales ciertas avienta al ser humano contemporáneo en un túnel sin salidas y en un estado mental confuso que, dramáticamente, no le permite discernir ya con claridad ni caminar con rumbo. En efecto, se me hace cierto el dicho que ‘para un barco sin rumbo cualquier viento es correcto’ y la sociedad actual parece estar cómo ese barco: sin rumbo. De consecuencia, creer o no en Dios; reconocer o no el matrimonio y la familia, cómo instituciones sólidas y válidas, viene dejado a la opinión de cada quien, al ejercicio de su libre albedrío y al viento ‘ideológico’ de moda. Por esta razón, parece que el matrimonio y la familia se encuentren, hoy, fuertemente cuestionados y, por ende, urgidos nuevamente de reflexión pastoral. En alternativa, se han emprendido otras formas de convivencia que, con razón, deben ser entendidas y pastoralmente acompañadas: las ‘parejas de hecho’, que excluyen el matrimonio, los matrimonios ‘ad experimentum’, las uniones entre personas del mismo sexo, los casados divorciados y vueltos a casar, etc. Situaciones ‘irregulares’, legal y moralmente, que desafían la concepción cristiana del matrimonio y de la familia.

 CÓMO SE TRATARÁ EL TEMA

Acerca del ‘cómo’ tratar el tema de la familia y del matrimonio entre personas en crisis, el Papa Francisco nos ha dado ya a entender que las actitudes más oportunas y correctas son las que se inspiran en el Evangelio: escucha atenta, acogida fraterna y misericordia sin medida. El Papa, en efecto, da testimonio, continuamente, de ellas y pide de adoptarlas hacia todos, incluso, hacia las familias devastadas y a cuantos viven en situaciones difíciles desde el punto de vista moral y canónico. Debe quedar claro, por tanto, que la Iglesia se ponga en actitud de escucha de los problemas y de las expectativas que viven las familias de hoy. Punto firme del Papa y de la Iglesia, hoy, es el máximo respeto por la persona prescindiendo, incluso, de la orientación sexual que tenga y de la forma de convivencia que lleve. Los caracteres profundamente humanos de la propuesta cristiana sobre la familia nunca son ‘en contra’ de alguien, sino, exclusivamente, a favor de la dignidad y belleza de la vida de toda persona y de la sociedad entera. Para la Iglesia, desde luego, el mensaje fundamental e innegociable es el del matrimonio entre un hombre y una mujer y de la familia como espacio plural de convivencia armónica en el amor gratuito, estable y socialmente solidario