Skip to main content

Acaba de pasar un proceso electoral. Proceso anticipado por divisiones, hasta en la familia, que ha roto la convivencia social, familiar. 

Todos aspiramos a un ambiente, social y familiar, de paz. Paz que significa eliminación de la violencia; poder salir a la calle con la certeza que haremos un regreso al hogar con tranquilidad, sobre todo, vivos. Somos conscientes de que la paz será siempre imperfecta; porque la paz se construye cada día, paso a paso. Y no será compromiso de políticos, sino de cada uno de los ciudadanos, uno a uno. La paz se hace cada día, a base de mucho valor. La paz brota muy de  adentro. La paz es cuestión de amar. Amar todo, y todos, los que nos rodean, sin distinciones. Tener la conciencia de que entre todos podemos cambiar la historia. Por eso la paz será siempre imperfecta, porque se construye cada día.

En un panorama de violencia y de inseguridad la paz será todavía más difícil, si no imposible, si no pasamos, todos, cada uno, por un proceso de reconciliación. Reconciliación que no es una palabra vacía de sentido, porque el rencor y el odio los llevamos muy dentro de nosotros. Papa Francisco nos diría: “La reconciliación no es una palabra que debemos considerar abstracta; si esto fuera así, solo traería esterilidad, traería más distancia. Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto”. 

¿Quién en estos años, en nuestra patria, no ha vivido el conflicto?  Han intentado dividirnos. Hasta las más altas autoridades nos han dividido: pobres contra ricos; intelectuales en contra de ignorantes. Hasta nos han etiquetado en chairos y fifí, buenos y malos. Si estás contra mí eres mi enemigo. Todo lo hicieron blanco y negro.  No hay posibilidad de una esfumadita de gris. Blanco y negro. Han querido hacemos olvidar una realidad fundamental:  todos somos hermanos. Todos aspiramos a un bien común que nos dé felicidad, tranquilidad. Y los políticos lo olvidan.

Se han creado divisiones irreconciliables que parecen que quieran hacer fracasar cualquier intento de paz, que será siempre imperfecta, pero siempre paz.

Estos pensamientos, que son sentimientos enclavados en nuestra alma, nos hacen reflexionar de que nos queda mucho trecho para avanzar. Nos falta mucho para llegar a una paz, aunque imperfecta. Los sentimientos y las divisiones que atentan contra la fraternidad están a flor de piel. ¡Cuánta violencia nos toca vivir!

¿Nos vamos a resignar a este panorama de incertidumbre, violencia, división odio? Pensamos que la reconciliación sea el camino justo y necesario para crear en nuestra patria un panorama de paz, aunque imperfecta. El camino lo conocemos: la reconciliación. Habrá que olvidar divisiones, rencores, odios y encontrarnos todos en un punto común de reconstrucción: el bien de nuestra patria y de cuantos viven en ella. No hay otro camino. Todos juntos construyendo la paz imperfecta, pero siempre nuestra paz.