Tal vez estemos poco familiarizados con los santos y santas del continente africano. Desde los inicios de la evangelización en ese continente Dios ha suscitado a muchos cristianos y cristianas para que den testimonio de su fe en Jesucristo. Uno de esos casos es la historia de santa Josefina Bakhita.
Ella era originaria de Sudán, de la región de Darfur. Posiblemente nació en 1869. Cuando tenía nueve años fue capturada por unos esclavistas y fue vendida cinco veces. El cuarto amo la trató muy mal, fue tatuada y le hicieron 114 incisiones en su cuerpo. Su suerte empezó a cambiar cuando la compró el señor Calixto Leganini, un comerciante italiano. Cuando Leganini volvió a Italia se llevó a Bakhita y fue dada como sirvienta a la familia del señor Augusto Michieli. Por el buen trato que recibió ella decía que al fin se sentía en paz.
Más tarde los Michieli volvieron a Sudán, pero Bakhita decidió quedarse en Italia. Fue así cómo entró al convento de las Hermanas de la Caridad en Venecia. Ahí conoció el cristianismo y decidió bautizarse reconociendo que Dios siempre había estado con ella durante su esclavitud, en su autobiografía dice “Dios me ha traído aquí de esta extraña forma”.
No sabemos el nombre que le dieron sus papás, el choque sicológico que sufrió por su captura la hizo perder la memoria. Bakhita es el nombre que le dieron sus captores y que significa “Afortunada”, que al final resultó ser una profecía. Al ser bautizada tomó el nombre de Josefina Margarita Afortunada.
El 7 de diciembre de 1893 se convirtió oficialmente en una de las Hermanas de la Caridad. Poco tiempo después fue enviada a Venecia a un convento de su orden donde se ocupaba de la limpieza, la cocina y el cuidado de los pobres. Era modesta y humilde, pero quienes entraban en contacto con ella afirmaban que era una santa. En 1910 le pidieron que escribiera su historia, misma que fue publicada en 1930.
Una enfermedad la obligó a permanecer en una silla de ruedas, pero eso no le impidió seguir realizando sus labores. Falleció el 8 de febrero de 1947. Miles de personas asistieron a su funeral, fue velada durante tres días y en ese tiempo su cuerpo permaneció tibio. El 17 de mayo de 1992 el Papa Juan Pablo II la beatificó y el 1 de octubre del 2000 la Canonizó. El Papa recordó estas palabras de la santa: “Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”.
Su canonización es muy significativa ya que así se honra a las mujeres africanas por lo que sufrieron durante la esclavitud. Bakhita es la historia de un continente.
Que Bakhita interceda por la juventud del continente africano que aún sufre de múltiples hechos de violencia y para que conozcan a Cristo y obtengan la paz y la salvación.



